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El día siguiente amaneció despejado, pero Sunoo no.
Había pasado la noche dando vueltas, pensando en lo ocurrido en el hospital.
Cada vez que cerraba los ojos, revivía la imagen de Park perdiendo la calma, temblando, con la voz rota de miedo.
Hasta sentía que no daba bien la clases a los pequeños por pensar en ello.

Era extraño.

No podía quitárselo de la cabeza.

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La mansión se veía diferente bajo la luz de la tarde.

El portón se abrió lentamente y Sunoo entró con un sonido casi imperceptible sobre el pavimento limpio.

Apenas entro, Soobin corrió hacia él con una sonrisa enorme y el brazo vendado cubierto con dibujos que según dijo, le había hecho su papá.

—¡Papi Sunoo vinooo! —gritó, abrazándolo con fuerza acompañado de una gran sonrisa.

—Hola campeón —respondió Sunoo, devolviéndole el abrazo— ¿Cómo sigue ese bracito?

—Ya no duele tanto, papi me dijo que si me porto bien, me comprará helado —presumió el niño.

Sunoo rió, acariciándole el cabello —Entonces tendremos que asegurarnos de que te portes muy, muy bien.

Desde la puerta principal, Sunghoon los observaba.
Tenía una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo su maletín.
Por un momento, se quedó quieto.
No dijo nada.
Solo miró la escena frente a él... Su hijo riendo, y Sunoo arrodillado junto a él, con esa sonrisa que iluminaba todo.

No sabía por qué, pero se sintió extrañamente tranquilo.

—Profesor Kim —saludó finalmente, haciendo que Sunoo diera un pequeño salto de sorpresa.

—S-señor Park, buenas tardes.

—Gracias por venir —respondió el mayor, acercándose— Soobin no ha dejado de hablar de usted desde anoche.

El niño asintió con entusiasmo —¡Le conté que soñé que era un superhéroe y que usted me cuidaba!

Sunoo sonrió, algo nervioso —Qué lindo sueño.

—¡Si! También soñé que papi Hoon era un príncipe y que papi Sunoo y yo lo íbamos a salvar y después se abrazaban mucho y comíamos helado— Contó el pequeño muy entusiasmado.

Ambos mayores se quedaron con cara de sorprendidos.
Sunoo con las mejillas algo rojas y Sunghoon a punto de echarse a reír.

—Que sueños más raros tienes pero de seguro deben ser geniales cuando los vives— levantó al pequeño con cuidado para despedirse de él.

Sunoo simplemente no sabía que decir.

—Bueno se me hace tarde— bajó al pequeño después de darle un beso en la mejilla y desacomodar su cabello —Los veo en un rato.

El auto de Sunghoon llegó y solo pudo ver como Soobin le decía adiós con la manita mientras Sunoo lo cargaba intentando darle una sonrisa al mayor.

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La tarde pasó entre dibujos, cuentos y risas.
Sunoo pensó que ya conocía muchas cosas sobre Soobin pero descubrió que no era así, pues tenía un gusto peculiar por los erizos.
En algún punto, el niño lo arrastró a la sala y puso una película animada sobre animales y erizos.
Sunoo terminó sentado en el suelo, con Soobin recostado sobre sus piernas.

Después de que la película terminó Sunoo se dispuso a recoger los juguetes que habían dejado tirados antes de ver la película, cuando de repente escuchó como le daban la bienvenida en la puerta principal al dueño del lugar.
Volteó, y ahí estaba Park Sunghoon, sin corbata, con el abrigo al brazo y el cansancio pintado en los ojos.

˚ ༘ ೀ⋆。˚ 𝙀𝙭𝙤𝙩𝙞𝙘 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩  // 𝙎𝙪𝙣𝙜𝙨𝙪𝙣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora