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El Club Diamond olía a perfume caro, a luces y a secretos.
El ruido de los tacones en el piso brillante, el sonido lejano del saxofón y las risas discretas formaban un ambiente que se había vuelto parte de la rutina de Kim.

Sunoo ya se había acostumbrado.
Era su trabajo.
Cada noche se maquillaba frente al espejo, repasaba su coreografía y se escondía en esa máscara que separaba al profesor Kim del bailarín que todos querían ver pues se había vuelto famoso en el lugar.

—Te ves menos cansado —comentó Jihyo desde el otro lado del camerino, estirándose frente al espejo—
Hasta pareces feliz últimamente.

—¿Feliz? —Sunoo sonrió sin mirarlo—Solo estoy respirando un poco más.

—Ajá... eso suena a que alguien te hizo sonreír —dijo la chica con malicia, lanzándole una mirada divertida.

Sunoo negó con la cabeza, aunque el rubor lo traicionó.
Pensó en Soobin, en su risa, y después... En la forma en que Park lo había mirado tan de cerca aquella tarde.

Pero sacudió la cabeza enseguida.
No podía distraerse.
Allí dentro, los pensamientos suaves eran un lujo peligroso.

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Esa noche no era diferente de las demás.

Hasta que lo fue.

Cuando salió al escenario, la música comenzó con un ritmo lento, casi hipnótico.
El foco principal cayó sobre su figura, delineando su silueta entre sombras y luces.
El público observaba en silencio, algunos con copas en la mano, otros con la mirada vacía.

Pero hubo una mirada que lo volvió loco.

Una que conocía.

Desde el segundo piso, detrás del barandal de cristal, Park lo observaba con una calma inquietante.
Llevaba traje negro, con la camisa abierta en el cuello, y una expresión que no encajaba con la del padre amable que Sunoo había visto en la mansión.

No era casualidad.
Era él.

No pensó volverlo a ver ahí, pues no había ido desde la ultima vez, que por cierto, ya tenía algo de tiempo.

Su corazón se detuvo un instante, pero sus piernas siguieron moviéndose.
Cada giro, cada movimiento de cadera, cada extensión de brazo... lo hacía consciente de esa mirada fija en él.
Una mirada que Sunoo no sabía leer, él creía que era para el bailarín, sin imaginar que Sunghoon lo miraba como a alguien que ya reconocía.

"¿Qué está haciendo aquí? ¿No debería estar cuidando de Soobin?" pensó por un momento aunque luego recordó que probablemente el pequeño a estas horas ya estaba durmiendo y siendo cuidado por los empleados del lugar.

Volvió a pensar de nuevo en aquella mirada y sintió que la piel se le erizaba.
Intentó no mirarlo, pero la curiosidad lo traicionó.
Y cuando sus ojos se encontraron, el aire se volvió más denso.
El mundo pareció reducirse al espacio entre ellos. El escenario abajo, la baranda arriba, y una tensión invisible llenándolo todo.

Sunghoon no sonrió.
Solo levantó el vaso de whisky, dándole un pequeño giro entre los dedos, y sostuvo su mirada por unos segundos más de los necesarios.
Luego, apenas movió los labios.
No dijo nada, pero su sonrisa bastó para incendiarle el pecho.

Cuando terminó la rutina, Sunoo bajó del escenario con el pulso acelerado.
Fue directo al camerino, ignorando los halagos de los clientes.
Jihyo lo alcanzó antes de que cerrara la puerta.

—¿Qué pasa? —preguntó, confundida— Estuviste increíble, pero parecías... no sé, tenso.

Sunoo evitó mirarla.
—Nada, solo me duele un poco el cuello —mintió, frotándose la nuca.

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⏰ Última actualización: Nov 25, 2025 ⏰

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˚ ༘ ೀ⋆。˚ 𝙀𝙭𝙤𝙩𝙞𝙘 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩  // 𝙎𝙪𝙣𝙜𝙨𝙪𝙣Donde viven las historias. Descúbrelo ahora