Capítulo 03

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"Al contacto del amor,
todo el mundo se vuelve
poeta"

El rey

—Quita tu mano de ella o te la arrancaré.

Su voz era firme y clara, así como era la causante de los escalofríos de todas las criaturas presentes, quienes se quedaron inmóviles con su presencia e inmediatamente la garra del ser que sostenía a la joven se soltó, dejando a está en libertad. El ambiente del lugar había pasado de catastrófico —teniendo en cuenta a los seres como protagonistas— a inquietante en solo segundos. Los habitantes que habían tenido la oportunidad de escapar ya se hallaban lejos del lugar, mientras que enfrente de la muchacha todas las criaturas se miraban entre ellas con expresión de horror como si supiesen de lo que era capaz de hacer él ser que se encontraba frente a ellos.

El ambiente era algo turbio, él misterioso propietario de aquella voz se hallaba a unos cuantos metros frente a la muchacha mostrandole a está tan solo su torso del que salían un par de largas extremidades cubiertas por un plumaje negro, sin embargo, como si supiera que lo estaban observando, sus alas se cerraron de golpe pero eso no detuvo la curiosidad de la castaña, que por unos cortos segundos se había olvidado de su alrededor y movió su mirada hacia aquel puñado de plumas que se posaban frente a ella, eran simplemente maravillosas, nunca en su corta vida había podido observar algo tan asombroso pero reacciono de inmediato. Lo más probable era que el poseedor de esas hermosas alas negras —al igual que la mayoría de lo que había visto allí— se tratase de un monstruo más que deseaba devorarla.

—¿Cuánto tiempo duraras? —habló una de las criaturas con voz áspera y ronca —. Sabes que Garl...—fue interrumpida.

—Duraré el tiempo que deba durar —dijo el extraño—, y eso es más de lo que creen.

Las criaturas se miraron entre ellas dudosas y comenzaron hablar en voz baja en un idioma desconocido para Alfie. Parecía que discutían entre ellos, sus expresiones eran ciertamente indescriptibles.

—Rozdell —se sumo una voz más a la escena, tomando por sorpresa a los presentes —, al final si tuve razón.

Una figura descendió desde las alturas para terminar colocándos de repente al lado de la primera. Alfie no podía ver su rostro, solo otro par de hermosas alas negras.

—Dejate de tonterías, Orlín —advirtió Rozdell —, llevate a la mocosa, yo me encargaré de ellos.

Alfie no entendía nada de lo que estaba pasando pero al parecer no era la única, todas esas criaturas rodeaban la zona convirtiendo su escape en algo casi inalcanzable. Su cuerpo no resistía más. Estaba sola, sin dinero, comida, ropa u algún lugar donde pudiese permanecer hasta que encontrara la manera de volver a su hogar.

—¿Estás seguro? —adquirió Orlín con un tono fino y educado —. Son bastantes, además no quiero que destruyas medio reino en uno de tus arrebatos.

—Mueve tu trasero y el de la mocosa—respondió Rozdell frunciendo el ceño —, es una orden.

Orlín no espero una tercera orden, dio media vuelta sobre sus talones y quedo frente a la joven. Era bastante alto, tenía la apariencia de un hombre algo mayor, unas escasas canas se podían apreciar en las orillas de su cabello y sus ojos eran de un profundo azul marino. Alfie retrocedió, estaba alarmada.

"¿Qué mierda?" pensó.

—Me debes acompañar —dijo Orlín ofreciéndole una sonrisa —, este lugar es peligroso.

—¡¿Y qué te hace pensar que te voy acompañar?! —exclamó la muchacha —, no iré a ningún lado y mucho menos con algo que no se si es humano o pájaro —su corazón se agitaba cada vez más con cada palabra que salía de su boca —, no te me acerques o te juro que te arrepentirás.

La sacerdotisa de DaramHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora