38. Tranquilidad

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Narra Mika

Llevamos casi un año viviendo juntos. Un año desde el carrete donde vimos a la Mizuki. Un año desde la once del terror con mis papás.

Y hace un año que no pasa... nada.

No hay peleas, no hay llantos, no hay mensajes escondidos, ni un andas rara" ni "tenemos que hablar".

Nuestra vida es... tranquila.

Se levanta, me da un beso con sabor a pasta de dientes, se va a la pega. Yo me quedo ordenando un poco antes de irme a la U.

En la tarde, él llega primero, cansado, alega que su jefe es un conchesumadre. Llego yo, me quejo de un ramo culiao. Alegamos por quién lava la loza, cocinamos tallarines, vemos una serie y nos quedamos dormidos regaloneando.

Es todo lo que lloré por tener.

Y me está volviendo loca.

Estoy en el sillón, tapada con una manta, supuestamente estudiando para un prueba, pero llevo veinte minutos mirando el mismo párrafo.

Kuroo está en la cocina, tarareando una canción culia mala mientras prepara té de hoja.

Lo oigo reírse solo, probablemente de algún video estúpido en el celular. Y un frío horrible me sube por la espalda.

¿Y si se aburre?

El "webeo", el caos, la adrenalina de lo prohibido... eso nos mantuvo juntos por harto tiempo. ¿Qué pasa ahora que no hay nada contra? ¿Qué pasa si esta paz, esta rutina de "adultos", lo aburre?

Ahora que él es un profesional serio y yo sigo siendo la universitaria. ¿Y si se da cuenta de que la adrenalina la encuentra con otra?

—¿Estás bien?

Levanto la vista. Está en el marco de la puerta de la cocina, con dos tazas humeantes, mirándome con esa cara de preocupación que ya conozco.

—Llevas media hora con la misma página. Y la estás mirando al revés.

Puta madre.

—No... no es nada. Solo estoy nerviosa por esta prueba.

Él deja la taza en la mesa de centro y se sienta a mi lado.

Me quita el libro de las manos.

—Mika, te conozco. Estás pálida. ¿Qué pasa?

—Me da miedo —susurro.

—¿Tu prueba?

—No... Esto, nosotros —Kuroo arruga el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Estamos mal?

—¡No! —lo corto—. ¡Ese es el problema! ¡Estamos demasiado bien!

Él me mira como si me hubiera salido una tercera oreja.

—Mika, no te estoy entendiendo.

—Kuroo... estoy tan acostumbrada al caos. A que todo explote. A esperar la siguiente cagada tuya o mía. Y ahora... todo es... fácil. Es tranquilo. Y llevo semanas esperando que algo se arruine.

Se me quiebra la voz.

—Estoy esperando a... —sigo hablando con dificultad— que te aburras de mí. Que te aburras de esta paz y busques... no sé, el webeo de nuevo. Y estoy tan asustada que no estoy disfrutando nada de esto.

Él se queda callado. No me mira. Solo mira su taza de té.
Mierda. La cagué. Lo asusté.

Cuando por fin levanta la vista, no está enojado. Ni asustado. Está... entre triste y cagao de la risa.

Gato infiel | Kuroo TetsuroStories to obsess over. Discover now