INTO IT- DAVID HARBOUR

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Trabajaba desde hacía tres meses en un estudio fotográfico independiente

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Trabajaba desde hacía tres meses en un estudio fotográfico independiente. No era glamuroso: luces viejas, fondos manchados, clientes que pagaban tarde. Pero era mío. Mi espacio para no pensar en nadie ni en nada.

Hasta que lo conocí a él.

David Harbour había firmado para una campaña benéfica, pero habían despedido al fotógrafo principal por un escándalo reciente. A la agencia le urgía alguien confiable, discreta y capaz.

Ahí entré yo.

Me advirtieron antes de que llegara:

—Es intenso.
—Es directo.
—Es... demasiado.

No me intimidó.
Pero sí me intrigó.

Lo que nadie me dijo fue que él venía lidiando con un divorcio silencioso, una depresión convertida en rabia, y un talento para esconderlo todo detrás de un humor seco y una mirada cansada.

La primera vez que entró a mi estudio lo sentí antes de verlo: esa presencia grande, pesada, como si cargara un invierno entero dentro de sí mismo.

—¿Usted es la fotógrafa? —preguntó sin sonreír, dejándose caer en la silla frente al set.

—Sí. Y usted es el que llega quince minutos tarde.

Él levantó una ceja.
No lo dije para provocarlo.
Pero lo provoqué.

—No suelo dejar que me hablen así —respondió, recostándose con los brazos cruzados.

—Tampoco suelo aceptar trabajos con prisa —le contesté—. Parece que estamos empatados.

La agencia quedó en silencio.
Él también.

Hasta que algo en su rostro cambió... una chispa.
No enojo.
Interés.

—Bien —dijo, acomodándose—. Hágame ver qué tan buena es.

Lo fotografié durante horas.
No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, cada palabra tenía un peso que me obligaba a escucharlo.

Noté los detalles que otros pasaban por alto:

El cansancio bajo sus ojos.
Los dedos que apretaba inconscientemente.
Las respiraciones largas entre toma y toma, como si cada flash le sacara un recuerdo.

En un descanso, se acercó a ver las fotos.

—No sabía que podía verme así —admitió, serio.

Dilfs One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora