El Puño que Fluye

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El vestuario de espera N.º 1 estaba sumido en un silencio denso, solo roto por el sonido de la cinta adhesiva siendo rasgada.

Izuku Midoriya estaba sentado en el banco, terminando de vendarse el brazo derecho. Sus movimientos eran mecánicos, pero su mente era un torbellino. La imagen de Tracer cayendo, con el brazalete roto y la piel quemada, se repetía en bucle en su memoria.

La rabia burbujeaba en su estómago. No era odio, era frustración. Frustración por su propia debilidad y por la brutalidad necesaria para ganar en este mundo.

¡BAM!

La puerta del vestuario se abrió de golpe, golpeando la pared con violencia. Izuku se levantó de un salto, adoptando una postura defensiva instintiva.

Katsuki Bakugo entró. No llevaba su camisa de gimnasia; su torso estaba cubierto de vendajes frescos, especialmente en el pecho, justo donde el último golpe de Tracer había conectado. Caminaba con esa arrogancia depredadora de siempre, pero había algo diferente en sus hombros. No estaba encorvado por la ira, sino erguido por la adrenalina.

Izuku: (Apretando los puños, su voz temblando ligeramente) ¿A qué vienes, Bakugo? ¿Vienes a burlarte de ella? ¿A decir que fue débil porque cayó?

Bakugo se detuvo frente a los casilleros. No miró a Izuku. Se apoyó contra el metal frío, chasqueando la lengua con fastidio.

Bakugo: Cierra la boca, Nerd.

Hubo una pausa tensa. Bakugo se pasó la mano por el pelo cenizo, mirando al techo.

Bakugo: Solo un idiota se burla de un oponente que lo obliga a usar su ataque más fuerte para no perder.

Izuku parpadeó, la guardia bajando unos centímetros por la sorpresa.

Bakugo: La inglesa tenía agallas. Peleó a matar. Me acorraló. Tuve que quemar todo el maldito escenario porque sabía que si me tocaba una vez más... yo perdía.

Bakugo se separó de los casilleros y caminó hacia Izuku. Invadió su espacio personal, quedando cara a cara. Sus ojos rojos no destilaban el desprecio habitual de un abusón; brillaban con la intensidad de un guerrero que reconoce a otro.

Bakugo: (Enseñando los dientes en una sonrisa feroz) Ella no se contuvo. Así que más te vale que tú tampoco lo hagas.

Bakugo: Te vi contra el Mitad-Mitad. Tienes fuerza. Tienes trucos. No me insultes temblando o pensando en estupideces. Si no vienes a arrancarme la cabeza ahí fuera... te mataré yo. Quiero verte romperte los huesos si es necesario.

Sin esperar respuesta, Bakugo se dio la vuelta y salió del vestuario, dando un portazo que resonó como un disparo.

Izuku se quedó de pie, mirando la puerta cerrada. La rabia se había disipado, reemplazada por una extraña claridad.

Izuku: (Pensamiento) No vino a burlarse. Vino a advertirme. Él no ve a "Deku" el inútil. Ve a un rival que debe ser destruido.

Sombra (Voz en la cabeza): (Silbando con admiración) ...Vaya. Quién lo diría. El puercoespín tiene honor. Izuku, creo que acabas de desbloquear al "Amigo N.º 2". Tienes un tipo muy específico de amigos: gente que intenta matarte con explosiones o hielo.

Izuku soltó una risa corta y nerviosa. 

Izuku: Supongo que sí.

Izuku volvió a sentarse. Cerró los ojos. Sabía que la velocidad de Tracer no sería suficiente; Bakugo tenía reflejos monstruosos y ataques de área. Sabía que la precisión de Kiriko no bastaría; no podía acercarse lo suficiente sin ser volado en pedazos. Necesitaba algo más. Una defensa absoluta. Algo capaz de lidiar con la fuerza bruta explosiva.

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