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Hola, Kunikida

Esas fueron las primeras palabras del castaño hacía él después de despertar, y cualquier persona se sentiría feliz de ello, pero él no. El sentía que no merecía esas palabras de parte de Dazai.

Trabajaba diligentemente, la oficina estaba casi vacía debido a los 3 miembros que faltaban. Uno de ellos Dazai, quien se encontraba en reposo y a quien no había visto en una semana, los otros dos, Atsushi y Ranpo, iban todos los días en la hora del almuerzo a pasar el rato con Osamu.

Pasar el rato.

Los recuerdos de las veces que aquel chico lo había invitado a salir comenzaron a llegar y eso simplemente lo hacía sentir aún peor. Y si... ¿Realmente era el culpable de la situación con Dazai?

Si.
Si lo era.

En todo el tiempo que estuvo con él era consciente de los sentimientos del castaño y consciente de las mariposas que crecían en su estómago con pasaba tiempo con dicho castaño. Pero simplemente lo ignoro... Lo ignoro y lo hizo vivir en un castillo de ilusiones porque a pesar de negar sus sentimientos tenía miedo de que alguien más se quedará con Dazai.

El idiota he sido yo todo este tiempo.

Paso sus manos por su rostro con frustación.

Si tan solo no hubiera sido tan cobarde...

Una cálida mano se posó suavemente sobre su espalda transmitiendole calor y consuelo.

Dirigió su mirada a su costado y ahí lo vio, con una sonrisa radiante y sus ojos brillantes. Ahí estaba la persona que hacía sus días menos monótonos.

- Kunikida-kun, pareces muerto en vida. No me digas que te pegue mis pensamientos suicidas.

Su voz se escuchaba extrañamente suave pero no perdía su toque burlón.

Kunikida no respondió de inmediato, se tomó su tiempo observando la obra de arte que tenía enfrente.

- No, simplemente estoy estresado.

- ¿Estresado?. Entonces vamos a distraernos, vayamos a la feria. - dijo animado.

La actitud de Dazai lo descojono, era tan sincera que parecía haber olvidado el porque intento terminar con su vida.

Ranpo observaba la escena, su pecho pesaba. Sabía que Osamu era fuerte pero no quería que volviera a sufrir.

- Yo iré con ustedes - solto.

- Oh, esta bien. Mientras más seamos mejor.

Al escuchar eso, Atsushi, quien se encontraba escuchando todo se acercó apresuradamente a ellos.

- Kyoka-chan y yo también iremos.

La niña simplemente asintió con brillo en los ojos.

- ¡Bien!, ya estamos todos entonces, vayamos cuando acabe la jornada. - hablo sonriente.

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Las multitudes siempre le habían parecido molestas, pero justo ahora no lo sentía así.

Osamu sonreía como si fuera su último día, era hermoso verlo tan animado y feliz después de todo.

- Ranpo-san, vayamos por un algodón de azúcar, siempre quise probarlos.

Sin esperar respuesta tomó la muñeca del mayor y lo llevó hacia el puesto.

- Dazai-san, ¿cómo es que nunca ha probado uno?- hablo sorprendido.

El castaño pensó un poco y después volvió a hablar.

- Bueno, en realidad los probé una vez, pero olvide el sabor así que quiero comer uno ahora.

Los demás simplemente miraban como devoraba el dulce. Bueno, al menos era feliz.

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La montaña rusa se alzaba imponente ante ellos.

- Yo no me subiré ahí - soltó con temor Atsushi.

Los demás asistieron a excepción del castaño, que en un abrir y cerrar de ojos ya estaba trepado en un asiento.

- ¡Dazai-san!

Y a pesar de que nadie quería, terminaron subiéndose para cuidar de Dazai que ahora se comportaba aún más infantil que nunca.







Holaa, ya sé que estuvo cortito pero fue lo único que se me ocurrió, les prometo que el próximo cap será más largo.

Espero que les guste, los amooo. 🐢🩷

𝘙𝘢𝘮𝘦́ [ 𝐾𝑢𝑛𝑖𝑧𝑎𝑖 ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora