Emily y Harry Potter son gemelos inseparables, unidos por un destino marcado desde el 31 de octubre de 1981, la noche en que Lord Voldemort arrebató la vida de sus padres, dejando en sus frentes la cicatriz que ambos llevarán por siempre.
Sin embar...
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Sábado, de madrugada
Emily
Juro que este año está siendo mucho más complicado de lo que jamás imaginé.
No sólo porque mi nombre y el de Harry salieron del Cáliz de Fuego, ni porque todo Hogwarts parece convencido de que lo hicimos a propósito… sino porque hay demasiadas cosas que aún no me atrevo a contarle a mi hermano.
Harry no sabe nada del diario de Elena Valerious, ni de su varita plateada, ni del colgante, ni del libro.
Objetos que, por alguna razón que no logro explicar, siento como si siempre hubieran sido míos.
Me pesa no decírselo. Harry siempre ha sido mi apoyo, mi refugio; siempre nos contamos todo… pero algo dentro de mí me dice que todavía no es el momento. Si hablo ahora, todo se desatará demasiado rápido.
Y como si eso no fuera suficiente, está Aldrick.
Cada vez que estoy cerca de él, mi corazón se acelera sin aviso, como si reconociera algo que mi mente aún no puede comprender. Nunca me había sentido así. Nunca había sentido una atracción tan intensa por nadie.
Desde que lo conocí… algo despertó en mí y no tengo idea de qué es.
Esa madrugada, Harry y yo descendimos cuidadosamente por las escaleras de nuestros dormitorios hacia la sala común de Gryffindor. Íbamos a encontrarnos con Sirius. La idea de verlo, aunque fuera a escondidas, me provocaba una extraña sensación de alivio.
La sala común estaba en penumbra. El fuego de la chimenea apenas iluminaba los sillones y las paredes cubiertas de retratos dormidos. Todo parecía en silencio… aunque sabía que Ron, Hermione y Azu seguían molestos con nosotros. La distancia entre nosotros se sentía incluso en la quietud de la noche.
—Sirius… —susurró Harry, mirando alrededor.
No hubo respuesta.
Harry dio un paso más hacia el centro de la sala, dispuesto a llamarlo de nuevo, cuando algo captó nuestra atención.
Sobre uno de los sillones, perfectamente visible bajo la luz del fuego, había un periódico abierto.
“Diario El Profeta”
Sentí un nudo en el estómago incluso antes de leer el titular.
Harry lo tomó con cuidado y me acerqué a su lado. Bastó un segundo para que mis ojos se clavaran en las letras grandes y negras de la portada.
“La tragedia de los gemelos Potter y el Torneo de los Tres Magos.”
—¿Tragedia? —murmuré, frunciendo el ceño mientras cruzaba los brazos.