15: Mixed Feelings and Rumors

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Draco Malfoy

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Draco Malfoy

Maldita sea mi suerte.

Jamás imaginé que la gemela de Potter —Emily— aparecería recorriendo los pasillos del castillo flanqueada por los Weasley y, para colmo, por la inútil de mi prima Felicia, como si todos formaran parte del mismo ejército. Como si pertenecieran al mismo mundo. Al mismo bando. Y lo peor… como si yo no existiera.

Apreté los puños mientras avanzábamos hacia la sala común de Slytherin, todavía con la sensación pegajosa de la pintura humillante en mis dedos, cada paso resonaba en mis oídos como un insulto, como si el castillo entero se burlara de mí.

Crabbe y Goyle caminaban detrás, torpes, inútiles como siempre. Pansy mascullaba entre dientes, Nott evitaba mirarme y Zabini fingía indiferencia.

Cobardes.
Todos.

Podía sentirlo: las risas contenidas, las miradas clavadas en mi espalda, el eco de la burla flotando en el aire. Gryffindor había ganado esta noche.

No con puntos.
No con hechizos.
Sino con algo mucho peor: control.

Emily apenas había dicho una palabra, no lo necesitaba.

Eso era lo que más me enfurecía, no había mirado con miedo ni con desprecio, me había ignorado, como si yo ya no importara.

Y entonces apareció él.

Aldrick Carletti.

Ese Gryffindor impecable, con su porte arrogante y su sonrisa que parecía diseñada para provocarme, plantado frente a mí, ocupando un lugar que no le correspondía. Protegiéndola. Desafiándome ante todos… y saliendo ileso.

Retrocedí sin darme cuenta.

La pintura, la risa, la humillación… todo ardía bajo mi piel como una marca invisible, no era solo orgullo herido, era algo más profundo, algo que no estaba dispuesto a admitir ni ante mí mismo.

Emily era inalcanzable, no porque no lo hubiera intentado, ni porque no la deseara, sino porque había elegido, había elegido a un Gryffindor sobre un Malfoy.

Eso era lo verdaderamente insoportable.

Empujé la puerta de la sala común con más fuerza de la necesaria. La luz verdosa y fría me recibió, familiar, pero esta vez no consolaba.

Nada lo hacía.

—Váyanse —espeté, sin mirarlos—. Todos.

Nadie discutió.

Los vi dispersarse, uno a uno, dejándome solo con mis pensamientos… y con la imagen que ardía en mi mente: Emily caminando de la mano de Carletti, sin mirar atrás, como si yo no existiera.

Como si ya hubiera perdido.

Me quedé allí, inmóvil, respirando hondo, con la mandíbula tensa, con el orgullo hecho pedazos.

"Emily Potter: The Vampire Witch"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora