Emily y Harry Potter son gemelos inseparables, unidos por un destino marcado desde el 31 de octubre de 1981, la noche en que Lord Voldemort arrebató la vida de sus padres, dejando en sus frentes la cicatriz que ambos llevarán por siempre.
Sin embar...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
28 de Octubre de 1981
En el Valle de Godric, una pareja observaba en silencio desde la ventana de su hogar. Sus dos pequeños dormían plácidamente en la cuna, ajenos al peligro que los acechaba.
James y Lily Potter, exalumnos de Hogwarts, compartían una mirada cargada de preocupación y amor.
Su historia de amor no había sido sencilla.
Al principio, Lily despreciaba a James por su arrogancia y su manera de meterse con su mejor amigo. Él, sin embargo, la había amado desde la infancia. Con los años, su relación se consolidó y, tras finalizar sus estudios, se casaron, y de ese amor nacieron sus más preciados tesoros: Harry y Emily, un niño y una niña, que dormían ajenos al mundo que los rodeaba.
Pero la felicidad estaba teñida de temor. Los ataques de mortífagos se habían intensificado, y James y Lily, como aurores, luchaban sin descanso para protegerse a sí mismos y a sus hijos. La profecía que marcaba a los gemelos como los elegidos para enfrentar a Lord Voldemort los mantenía alerta cada instante.
Lily, con el rostro presionado contra el cristal, se sentía atrapada entre el miedo y la esperanza. No notó que James se había acercado a las cunas, asegurándose de que sus hijos estuvieran a salvo. A veces se arrepentía de no haber escuchado a sus amigas del colegio, que le aconsejaban que pospusiera la maternidad en tiempos tan oscuros. Pero incluso con miedo, no podía renunciar a sus pequeños.
Decidida a dejar un mensaje de advertencia y protección, tomó un pergamino y una pluma. No podía salir al mundo muggle, así que escribiría a su amiga más cercana, confiando en que este último favor llegaría en caso de que algo les ocurriera.
Recordó las bromas y predicciones de Christine sobre James: cómo Lily siempre decía que jamás caería rendida ante el ególatra y fanfarrón de Potter. Ahora, irónicamente, se encontraba casada con él y profundamente enamorada.
—Tenías razón, Christine… tenías la maldita razón —susurró, esbozando una sonrisa irónica mientras doblaba la carta y la sellaba—. Ojalá pudiera ir a verte, pero no puedo arriesgarme. Harry y Emily deben estar a salvo.
La lechuza de James esperaba paciente junto a la ventana, y Lily le entregó la carta. Con un aleteo silencioso, el mensaje emprendió vuelo hacia el mundo muggle, llevando consigo las palabras de una madre, de una amiga y de alguien que sabía que el destino podía ser tanto cruel como caprichoso.
—James, trae a Harry para darle de comer junto a Emily —dijo Lily, sintiéndose un poco más tranquila mientras cargaba a la bebé—. Y recuerda que debemos reunirnos con Sirius y Remus en el Callejón Diagon en un par de horas para ir de compras.