A la mañana siguiente, los pobladores de Los Limos despertaron con la novedad de que un puma había estado merodeando por el pueblo en la madrugada. Según lo que contaban las personas que lo habían visto, el animal había estado husmeando por el corral de las cabras del señor Guillermo Morán antes de que este (advertido por el balar aterrado de sus animales) hubiera intentado asestarle una bala en la cabeza.
Leslie comprendía la necesidad de proteger a sus animales, que significan los medios de subsistencia del señor Morán y su familia, pero de todas maneras la historia le dejaba un mal sabor de boca.
—¿Eso no es ilegal? —inquirió con desconfianza—. Quiero decir, ¿no es una especie protegida?
—Sí. Si los del SERNANP(1) se enteran de que mataste a un puma o a cualquier otro animal salvaje, te van a poner una multa. Es mejor que los corras a que trates de matarlos —respondió Eric—. Pero hay gente a la que se le olvida. Aparte, Morán está medio ciego, seguro que lo que vio fue un perro asomándose por el corral y lo confundió con un puma.
—Dice que lo apunto con la linterna y que de verdad era un puma. Me dan pena esos animalitos —intervino su tía Mariana, la madre de Eric—. Deben tener muchísima hambre si es que han decidido bajar de la montaña.
—¿No atacan a la gente?
—No, no. A las personas les tienen miedo, pero no a los animales —dijo Eric mientras untaba su pan con mantequilla—. Es poco común, pero ha habido ocasiones en los que se meten a los corrales para robarse algún chivo o gallina, pero a la gente es imposible que la ataquen. Quizá a un niño, si tienen mucha hambre...
A Leslie le pareció ciertamente fascinante que los pumas caminaran por el pueblo y no pudo quitarse esa idea de la cabeza por el resto del día. Para el resto de su familia, sin embargo, la noticia perdió toda clase de interés con el pasar de las horas. Hasta pareció que lo hubieran olvidado.
Al caer la noche, Eric tocó la puerta de la habitación en la que Leslie se estaba hospedando. Le pertenecía a otro de sus primos, el hermano mayor de Eric, Franco, pero él estaba trabajando tan lejos de casa que ni siquiera había podido regresar a Los Limos para pasar las fiestas navideñas con su familia. A Franco lo conocía un poco más porque en unas dos o tres ocasiones llegó a su casa en Lima para saludar a su tío, el padre de Leslie, y al resto de su familia. A Leslie le agradaba mucho a pesar de su particular forma de hablar.
Abrió la puerta y descubrió que Eric tenía el cabello mojado y estaba bien vestido, como si fuera a salir a la calle. Le dio buena espina.
—¿Quieres ir al parque? —preguntó—. Me voy a reunir con mis amigos en un rato. Vamos, te invito un batido de fresa y una hamburguesa.
Había tan pocas cosas que hacer en Los Limos para evitar morirse de aburrimiento que ese le pareció un planazo. Leslie dijo que sí sin dudarlo y Eric apremió a que se diera prisa porque, según dijo, estaban sobre la hora.
Leslie estaba mucho más que contenta de salir a la calle porque, además, se moría de hambre. Había tenido una cena más que apropiada, sí, pero sentía un hambre tan voraz que solo podía significar que estaba a punto de entrar en sus días.
Eric golpeó la puerta diez minutos después para preguntarle si ya estaba lista o quería que la esperen otras dos horas más. Leslie salió apresuradamente de la habitación después de terminar de atarse las zapatillas. Sus tíos estaban en la sala.
—Ya venimos —dijo Eric a sus padres.
—No se hagan muy tarde —respondió su tía Mariana. Su tío Walter solo se limitó a asentir: tenía puesta toda su atención en la televisión, estaban transmitiendo la novela que lo tenía fascinado—. Cuídate, hija.
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El bosque de las brujas | GL
Misterio / Suspenso🏆| Ganadora de los premios Wattys 2021. Leslie Valera ha regresado al pueblo de Los Limos después de diez años, decidida a aprovechar las vacaciones de verano y divertirse en compañía de su primo. Sin embargo, sus días de ocio son frustrados por la...
