Capítulo 1 (v.2026)

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Enero del 2020

Estaba cien por ciento segura que su madre elevaría el grito al cielo si supiera lo que ella, Leslie, su única hija, pretendía hacer. Eso no la hizo sentir satisfecha ni orgullosa, quizá sí un poco avergonzada. Pero, en su defensa, cuando su primo, Eric, le preguntó si quería que le enseñara la vieja hacienda abandonada por dentro, ella no pudo y mucho menos quiso decirle que no.

Habían recorrido el camino a pie, aprovechando que las nubes eran tan densas que podían resguardarlos de los rayos del sol. Además, así Leslie podía tomar fotografías de todo lo que se encontraba en el trayecto. Eso le gustaba más que nada: tomar fotos. Cuando estuviera de regreso en la casa de sus tíos, los padres de Eric, se las enviaría a sus propios padres y luego quizá subiera un par (las mejores) en su cuenta de Instagram. Así tal vez sus amigos dejarían de burlarse de ella por haber preferido (aunque, para empezar, no fue ella quién lo eligió) pasar las vacaciones en un pueblo perdido en el monte (esas eran exactamente las palabras que sus amigos utilizaron) en lugar de quedarse con ellos en la ciudad.

La frecuencia de sus bromas se disminuyó cuando Leslie les envió las primeras fotografías de las playas de Tumbes porque eran hermosas y no tenían nada que envidiarle a las de Lima. Seguro que no la molestarían más cuando vieran las fotos en el campo. Y la envidiarían (estaba segura de eso) cuando les enseñara las fotos del florecimiento de guayacanes.

Eric le habló mucho de eso y ella misma recabó toda la información posible en internet. El resultado de su investigación la dejó muy satisfecha y despertó en ella una expectativa sin precedentes. Ya quería ver a esa inmensa alfombra amarilla cubriendo el bosque. Eric le decía que tuviera paciencia, que empezaría pronto porque ya las primeras garuas del año ya se estaban presentando y eso era una muy buena señal, pero Leslie no se caracterizaba por ser una persona paciente.

Lo bueno era que aún había un par de cosas que podía hacer para no morirse de aburrimiento en el pueblo y visitar la hacienda de Los Limos era una de esas cosas. Los Limos, así se llamaba el pueblo en el que su padre y el padre de Eric habían nacido. Era minúsculo y rudimentario, a comparación de la ciudad en la que se había criado, pero Leslie debía reconocer que tenía su encanto. Le fascinaban, por ejemplo, los cerros que rodeaban al pueblo, el bosque seco, las decenas de animales e insectos nuevos que conoció allí y el riachuelo (allí le llamaban quebradas) que bordeaba el pueblo y que empezó a correr con la primera lluvia torrencial que Leslie experimentó dos días después de su llegada.

Ese también fue el pueblo de sus abuelos paternos, pero ambos fallecieron hacia cosa de diez años. De hecho, esa fue la última vez que colocó un pie en Los Limos: para el sepelio de su abuelo, el señor Facundo Valera. En ese tiempo, Leslie y Eric habían tenido ambos recién cumplidos los nueve años.

En honor a la verdad, Leslie tenía muchos primos y tíos por aquí y por allá, producto de la extensa y numerosa familia que formó su abuelo. Bromeaba con la posibilidad de que compartiera lazos de sangre con un tercio de la población de Los Limos. Sin embargo, como vivía en la casa de los padres de Eric, pasaba más tiempo con él que con cualquier otro de sus parientes.

Como había pasado mucho tiempo sin ver a Eric y no tuvieron ninguna clase de comunicación antes de su llegada allí, Leslie tuvo que conocer a su primo de nuevo. Tenían la misma edad (Leslie nació en abril y Eric en junio del mismo año), así que fue muy fácil que congeniaran y se hicieran amigos casi de inmediato. Esa fue una noticia excelente. De otro modo, Leslie seguro que habría tratado de convencer a su padre de que reconsiderara su decisión de hacerla quedarse todo el verano en Los Limos.

Su primo tenía su propio grupo de amigos, los mismos muchachos que llevaban toda su vida viviendo allí. Leslie todavía no había decidido si le agradaban o no (en su defensa, los conocía desde hacía muy poco), pero debía reconocerles su amabilidad. Todos trataban siempre de hacerla sentir incluida en el grupo. Uno de ellos era Denis, un chico de piel trigueña, hombros anchos y cabello oscuro. Según Eric, estaba haciendo el servicio militar en el cuartel del pueblo, lo que explicaba porque tenía el cabello rapado casi al ras. A Leslie le resultaba atractivo, pero, al mismo tiempo, le desconcertaba que él no pareciera nada interesado en ella.

El bosque de las brujas | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora