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El motivo por el que Damián odiaba ser un omega era su simple naturaleza

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El motivo por el que Damián odiaba ser un omega era su simple naturaleza.

Su loco actuaba por sí mismo, gritaba y demandaba por lo que quería, podía controlar su cuerpo y si se esforzaba bastante, también su mente.

Damián odiaba sentirse pequeño, odiaba que su lobo chillar y fuera en contra de su misma voluntad.

Odiaba que actuará como un ser independiente, como si el hecho de que fuera Damián quién viva toda la mierda no le importara. Era egoísta y caprichoso y Damián no lo soportaba.

Así que cuando las feromonas de Jon impactaron con fuerza su nariz, supo que estaba perdido.

El alfa había llegado hasta el.

Estaba en su habitación, mirándolo con ojos brillantes. Damián podía ver sus pupilas dilatadas y sus colmillos afilados listos para morderlo asomándose entre sus labios.

Los lobos eran lo que Damián más odiaba en esta vida.

Aun así, Jon se mantuvo en su lugar.

Solo mirándolo, liberando feromonas en busca de calmarlo, Damián podía ver sus puños apretados contra sus costados, con los nudillos blancos por la fuerza con la que eran apretados. Escuchó sus dientes crujir un par de veces y sus fosas nasales dilatarse.

—¿Estás bien? —preguntó el menor, con la voz ronca, rasposa, bañada de un pequeño temblor que Damián pudo interpretar como miedo. —Te ves pálido.

Los ojos esmeralda del moreno miraron al alfa, su omega araño en su interior, desesperado, demandando lanzarse al alfa para ser marcado.

Damián gruñó y apretó las sábanas debajo de él para poder controlarse.

—No deberías… de… no deberías estar aquí. —dijo con dificultad, con la frente bañada en sudor y su cuerpo temblando, quemando cada célula de su cuerpo por el intenso calor del celo. —Vete. —demandó con voz baja, las palabras le costaron, su omega demandó que no las dijera. Que Jon se quedará.

El ojiazul apartó la mirada, Damián pudo ver cómo mordía con fuerza su labio interior. Su cuerpo tembló y su respiración se agitó.

Tener a Jon ahí era peligroso.

Peligroso porque había partes de ellos que parecían querer actuar por sí mismas. Había un ser que era casi inherente a sí mismos y aún así se sentía tan lejano, tan distante, alguien que querías fuera de tu cuerpo a toda costa.

Estar juntos era peligroso por el simple hecho de que todo estaba mal.

No había ni una sola cosa entre ellos y su extraño vínculo alfa-omega que no fuera jodidamente raro. Que no hiciera a Damián sentirse enfermo.

—Estás mal. —expresó Jon con preocupación, su mirada volvió a Damián.

Una risa seca salió de su garganta. —No me digas genio. —soltó irritado, su cuerpo se retorció necesitado, odiaba sentirse así. —Tienes que irte, las cosas son muy extrañas.

Pero Jon no se movió.

—Quiero ayudar.

—No puedes ayudar a todo el mundo.

—Quiero ayudarte a ti, no al mundo.

Damián lo miró, se permitió analizar al chiquillo frente a él, al alfa que su omega deseaba y su mente rechazaba.

Jon era alguien particular, siempre detrás de Damián, siempre deseándole a él. No entendía qué estaba mal, no podía ver más allá de lo que su alfa le mostraba, aún era un cachorro. Aún no entendía por qué había un límite entre ellos, por qué Damián se esforzaba tanto en mantenerse alejado.

—No puedes . —repitió en un gruñido, sus dientes se apretaron con fuerza, un espasmo lo recorrió y se sintió tan miserable de sentirse necesitado que no se atrevió a volver a ver a Jon. —No entiendes.

—Quizás.

Jon se mantuvo ahí, intentando calmarlo con sus feromonas, luchando contra su propio alfa.

Damián no había sido atacado, Jon no se lanzó sobre él. No lo marco, no lo deseo, no actuó como un alfa debería de actuar y quizás eso calmó un poco al moreno.

—Ve a casa.

—Te quiero ayudar. —y pudo escuchar al azabache dar un paso al frente, su cuerpo se tenso de manera automática. Y entonces Jon retrocedió dos pasos. —¿Que puedo hacer para ayudarte?

Damián apenas lo miró.

Alzó sus ojos verdes brillantes apenas unos centímetros, con la mirada de su rostro aún cubierto por las sábanas, con sus largas pestañas azabaches humedad el sudor.

Su mirada fue severa, Jon lo entendió. No necesito palabras, los ojos de Damián hablaban por sí mismos. —Que no sea irme de aquí.

El silencio se formó, tenso y cargado de tensión.

Damián miró a Jon, se preguntó por qué se contenía.

Podía ver sus colmillos, sus pupilas dilatadas, su cuerpo sudando y temblando de anticipación. Era un alfa en su estado más puro de control, de reclamo, un alfa que deseaba marcar su pertenencia, aún así. Jon aún estaba lejos de él. Mantenía su distancia.

Volvió a enterrar su rostro entre las sábanas, confundido.

Gruñó con desesperación, su omega aun arañaba y demandaba, era irritante, molesto y Damián quería hacer que se callara de una maldita vez.

Pero Jon seguía ahí, con sus suaves feromonas, que buscaban calamar a Damián, deseaban hacer que se sintiera calmado, en paz, como si su omega no fuera el mayor hijo de puta de la historia. Un enfermo.

—Me sentaré aquí. —pudo escuchar los pasos de Jon, su voz se volvió más distante. —Puedo quedarme sentado en silencio hasta que duermas. Cuando te sientas mejor puedo irme. —ofreció.

Y Damián estaba tan cansado y tenso que no pudo pelear con Jon.

No pudo evitar admitir de manera silenciosa, que las feromonas de Jon lo relajaba. Lo hacían sentirse mejor, hacían que su omega fuera menos caprichoso.

Ignoró las protestas, los gritos y arañazos que su lobo daba en su interior.

Se concentró solo en Jon, en lo considerado que era y en sentirse mejor. Prefirió pensar con su cabeza antes que con su omega.

Y sin siquiera notarlo, se quedó profundamente dormido.

Volvi a inspirarme para esta historia pero en pura cosa triste

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Volvi a inspirarme para esta historia pero en pura cosa triste.

En fin, a ver cómo le va a esta parte, si veo que todavía tiene buen recibimiento maybe la publique, luego caigo en este círculo vicioso de caer en flop y deprimirme y escribir menos aún.

Pero bueno, ya es todo, bai.

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⏰ Última actualización: Feb 24 ⏰

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ʟɪᴛᴛʟᴇ ᴀʟᴘʜᴀ // ᴊᴏɴᴅᴀᴍɪDonde viven las historias. Descúbrelo ahora