La noche no había terminado de ceder cuando el destino comenzó a torcerse sin que nadie lo notara. La flor azul no solo existía... respiraba, y con cada latido invisible, algo en el mundo empezaba a cambiar.
Tanjiro ya había dado el primer paso sin entenderlo. Aquella flor, fría y hermosa, no era un hallazgo... era una elección. Desde el momento en que la sostuvo, algo en su interior quedó marcado, como si su voluntad hubiese sido registrada por una fuerza que no respondía ni a humanos ni a demonios.
Kokushibou lo sabía.
No era sorpresa, no era duda... era confirmación. Durante siglos había buscado esa flor por orden de Muzan, había esperado, calculado, eliminado todo lo innecesario... y ahora, sin esfuerzo alguno, el destino se la entregaba a través de un humano.
Pero no cualquier humano.
Uno que aún no comprendía el peso de lo que cargaba.
Mientras tanto, lejos de ese encuentro, algo más comenzaba a moverse.
Zenitsu se detuvo en seco en medio del bosque. No había ruido... y sin embargo, todo en él gritaba. No era miedo, no era un demonio... era algo peor. Algo que no podía entender, pero que su cuerpo reconocía como una amenaza absoluta.
Inosuke, por su parte, alzó la cabeza como un animal que detecta un depredador invisible. No había olor, no había presencia clara... pero su instinto no dudaba. Algo lo estaba llamando, algo que no debía ignorar.
Y Shinobu...
Ella no reaccionó por miedo ni por instinto.
Ella analizó.
Desde el momento en que sobrevivió a Kokushibou, entendió que el mundo ya no seguía las mismas reglas. Y ahora, esa sensación... esa anomalía... no podía ser ignorada. No era un demonio común, no era una técnica... era algo que rompía la lógica misma.
Sin cruzar palabra, sin necesidad de explicación... los tres comenzaron a moverse.
No por decisión.
Sino porque algo los estaba arrastrando hacia un mismo punto.
De vuelta en la montaña, la tensión ya no era solo psicológica.
La flor había comenzado a responder.
En las manos de Tanjiro, su luz azul latía con mayor intensidad, como si reconociera algo en él... o como si estuviera despertando.
El aire se volvió más pesado. Cada respiración costaba más, cada segundo se estiraba como si el tiempo mismo dudara en avanzar.
Kokushibou no se movió.
Pero lo entendió todo.
No eran visitantes.
No era coincidencia.
Era la flor.
—Ya ha comenzado... —pensó, mientras sus seis ojos se fijaban en la oscuridad del bosque.
Tanjiro no lo notó al inicio.
Pero entonces... lo sintió.
Presencias.
Tres.
Diferentes.
Aproximándose.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente, tensándose, preparándose... pero esta vez no era entrenamiento. No era práctica.
Era algo real.
Algo que no podía controlar.
Las sombras comenzaron a tomar forma entre los árboles, y con cada paso que se acercaban, la presión aumentaba. No era hostilidad directa... pero tampoco era calma.
Era como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración.
Kokushibou avanzó un paso.
Y por primera vez en todo ese tiempo...
Sonrió.
No como maestro.
No como guerrero.
Sino como alguien que, después de siglos...
Finalmente veía cómo todo comenzaba a encajar.
—Kamado... —su voz cortó el aire como una cuchilla—.
La prueba... ha comenzado.
Y esta vez...
No había forma de retroceder.
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Aprendiz de la luna
FanfictionEn esta historia cambiaremos varias cosas más no les daré detalles ya que eso arruinara la sorpresa
