El silencio que quedó no era paz.
Era lo que queda después de que todo lo que importaba... deja de responder.
Zenitsu no se movía. Su cuerpo estaba ahí, pero su voluntad... se había quedado atrás, en algún punto donde todavía creía que podía alcanzarlo. Inosuke, a pocos metros, intentaba levantarse una vez más, pero sus brazos cedían, su respiración se rompía en cada intento.
Y Shinobu...
Seguía de pie.
Observando.
No a un enemigo.
Sino a un resultado inevitable.
Tanjiro caminó.
Sin prisa.
Cada paso era firme, medido... como si el mundo ya no tuviera la capacidad de detenerlo. No había rabia en sus movimientos. No había urgencia. Solo una dirección clara.
—Esto era necesario —dijo.
Nadie respondió.
Porque nadie podía.
—Todo lo que dudaba... todo lo que se aferraba... era debilidad.
Shinobu cerró los ojos por un segundo.
No para evitar verlo.
Sino para entenderlo completamente.
—No —respondió finalmente—. Eso era lo único que te mantenía humano.
Tanjiro se detuvo frente a ella.
La miró.
Y por un instante... algo pareció cruzar en su expresión.
No emoción.
No arrepentimiento.
Un recuerdo.
Pero desapareció antes de existir.
—La humanidad... es lo que los hizo perder.
Shinobu inhaló suavemente.
—Entonces aprende algo de nosotros.
Abrió los ojos.
Y atacó.
Su velocidad no era la de la fuerza bruta. Era precisión. Veneno en movimiento. Cada paso calculado, cada estocada dirigida a lo inevitable.
Por un segundo...
Tanjiro tuvo que reaccionar.
Desvió.
Retrocedió medio paso.
El aire cambió.
No era suficiente.
Pero era algo.
—Interesante —murmuró.
Shinobu no respondió. No estaba luchando para ganar.
Estaba luchando para probar algo.
Cada ataque suyo no buscaba derribarlo... buscaba alcanzarlo.
Recordarle.
Pero Tanjiro ya no estaba ahí.
Un movimiento.
Uno solo.
Y todo terminó.
El golpe no fue exagerado. No fue brutal.
Fue exacto.
Shinobu se detuvo.
Su cuerpo no cayó de inmediato.
Como si incluso el tiempo dudara en aceptarlo.
—...Ya veo... —susurró.
Sus rodillas cedieron lentamente.
Pero incluso así... sonrió.
No como antes.
No con ligereza.
Sino con una certeza tranquila.
—Aún... queda algo...
Tanjiro no reaccionó.
No preguntó.
No le importó.
Shinobu cayó.
El sonido fue casi inexistente.
Como si el mundo hubiera decidido no registrar su final.
Y entonces...
Nada.
Otra vez.
Pero ese "nada" ya no era igual.
Inosuke lo sintió.
Desde el suelo.
Algo... había cambiado.
—Maldita sea... —gruñó, forzándose a moverse—. No... no puede terminar así...
Sus manos temblaban.
No por miedo.
Por impotencia.
—¡TANJIRO!
El nombre rompió el aire.
No como un llamado.
Como un desafío.
Tanjiro giró lentamente.
Lo miró.
Y por primera vez desde que todo empezó...
Se acercó a alguien que aún intentaba levantarse.
Paso a paso.
Sin prisa.
Sin emoción.
—¿Aún sigues intentando? —preguntó.
Inosuke escupió sangre.
Sonrió.
—Siempre.
Intentó levantarse una vez más.
Y esta vez...
Lo logró.
Apenas.
Pero lo hizo.
—Entonces ven —dijo Tanjiro.
No como una provocación.
Como una sentencia.
El aire se tensó.
El mundo... contuvo algo que ya no podía evitarse.
Y justo antes de que todo volviera a romperse—
Un sonido.
Lejano.
Sutil.
Pero imposible de ignorar.
Tanjiro se detuvo.
Sus ojos se movieron levemente.
No hacia Inosuke.
Hacia atrás.
Como si algo... o alguien...
Acabara de entrar en escena.
Y por primera vez...
El silencio no le pertenecía.
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Aprendiz de la luna
Fiksi PenggemarEn esta historia cambiaremos varias cosas más no les daré detalles ya que eso arruinara la sorpresa
