Tanjiro todavía sentía la presión de la flor azul en sus manos, aunque ya la había absorbido dentro de sí. Cada latido de su corazón recordaba que nada volvería a ser igual. La noche permanecía firme; el frío calaba más profundo y las sombras a su alrededor parecían moverse con vida propia.
Tanjiro (pensando): la llave... yo... ¿cómo puedo siquiera pensar en esto? Sensei confía en mí... pero... ¿y si fracaso?
El silencio se quebró con un crujido leve en la nieve. Tanjiro tensó los músculos, empuñando la espada sin mirar. Su respiración era medida, contenida, como si un aliento fuera suficiente para delatarlo.
Kokushibou: kamado... aún sostienes la flor.
Su voz emergió de la penumbra, calma y fría, cargada de autoridad. Cada palabra pesaba más que cualquier golpe físico.
Tanjiro: sí... sensei. No la soltaré hasta entender qué debo hacer...
Kokushibou avanzó paso a paso. Con cada movimiento, el aire se volvió denso, casi imposible de respirar. Sus seis ojos eran espejos de siglos de ambición, muerte y paciencia infinita.
Kokushibou: esta flor... no es un simple regalo. No es un objeto que puedas tocar sin sentir su peso. Si comprendes lo que representa... tu mente y tu cuerpo deben estar listos. Si fallas... todo lo que somos podría colapsar.
Tanjiro tragó saliva. Cada palabra de Kokushibou se incrustaba como un golpe invisible, pero también encendía su determinación.
Tanjiro (pensando): fallar... no puedo fallar. Si sensei confía en mí, debo ser capaz... aunque ni siquiera sepa por dónde empezar.
Un silencio pesado los envolvió. Sin previo aviso, Kokushibou extendió la mano y tocó la flor. La luz azul se intensificó, y Tanjiro sintió un hormigueo recorrer sus venas, una presión que parecía provenir de su propia esencia.
Kokushibou: kamado... ¿sientes eso? La flor no solo brilla, no solo existe... ella conoce tu voluntad. Te prueba. Quiere saber si eres digno.
Tanjiro respiró hondo, el miedo y la fascinación entrelazándose. La presión era casi física, como un muro invisible que comprimía sus costillas y pulmones. Cada mirada de Kokushibou parecía medirlo hasta el último pensamiento.
Tanjiro: entiendo... sensei. Haré lo que sea necesario... aunque no sepa qué significa aún.
Kokushibou sonrió apenas, una mueca que no llevaba calidez, sino la fría aprobación de un estratega que reconoce un peligroso potencial.
Kokushibou: bien. Entonces escucha... tu entrenamiento cambia a partir de ahora. Ya no es solo respiración solar, ni control de tu cuerpo. Cada acto, cada respiración, cada movimiento será probado por la vida y la muerte. Si sobrevives... comprenderás lo que significa portar la llave.
Tanjiro sintió que su mundo se reducía a aquel instante: al brillo de la flor y al aura de Kokushibou. No había espacio para dudas ni descanso. La presión lo envolvía como un túnel estrecho de acero; cada pensamiento era un filo que cortaba sus certezas.
Tanjiro (pensando): esto... no es un entrenamiento. Esto... es sobrevivir bajo el juicio de un ser que lleva siglos buscando perfección... y ahora... me toca a mí.
Kokushibou se detuvo a pocos pasos, la luna filtrándose entre los árboles iluminando apenas su figura. Cada sombra proyectada parecía multiplicarse sobre la nieve.
Kokushibou: comienza... y recuerda, kamado... la llave no es un regalo... es un peso. Y tu vida... ya no te pertenece solo a ti.
Tanjiro sostuvo la flor con fuerza, respirando con control absoluto. El miedo y la responsabilidad se enredaban en su pecho. La noche, el frío, la sombra y el silencio lo obligaban a un único pensamiento: supervivencia y perfección.
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Aprendiz de la luna
Fiksi PenggemarEn esta historia cambiaremos varias cosas más no les daré detalles ya que eso arruinara la sorpresa
