Capitulo 8

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Tanjiro despertó de golpe. La noche lo envolvía como un manto helado; cada sombra parecía moverse con intención propia. No estaba en casa. Su cuerpo tensó todos los músculos; cada respiración era un cálculo, cada parpadeo un acto de precaución.

Tanjiro (pensando): si logré salir de mi mente... ¿qué tan real fue lo que vi? Mejor se lo cuento a Kokushibou sensei... necesito claridad, necesito saber qué hacer.

Avanzó entre los árboles, y entonces un brillo azul lo detuvo en seco. Un lirio de la araña, pero azul... imposible. Sus pétalos irradiaban un frío que calaba hasta los huesos, y un aroma sutil lo envolvía, cargado de misterio.

Tanjiro (pensando): ¿esta flor... es real? ¿Podría...? No... no puedo siquiera imaginar qué representa. Pero sensei debe saberlo...

Cada paso hacia la casa era un acto de tensión pura. El crujido de la nieve bajo sus pies lo obligaba a contener la respiración. Cada sombra parecía observarlo; cada ráfaga de viento, susurrarle advertencias.

Al llegar, lo vio: Kokushibou, espada en mano, inmóvil. Su presencia era un muro de frío y autoridad. Tanjiro sintió el peso de 400 años de historia condensarse en ese instante.

Kokushibou: más te vale tener una explicación... hasta Douma se cansó de esperar y se marchó sin decir palabra.

Tanjiro extendió la flor con cuidado. El simple acto de ofrecerla contenía un miedo contenido, cada movimiento medido como si estuviera en un campo de batalla invisible.

Tanjiro: sensei... encontré algo que... podría interesarle.

Kokushibou se acercó con pasos silenciosos, lentos y medidos. Cuando su mirada se posó en la flor, el mundo pareció detenerse. Sin aviso, cayó de rodillas, el impacto resonando en la noche como un golpe de gravedad pura.

Tanjiro: sensei... ¿está bien?

Kokushibou respiró hondo. Se levantó, cada movimiento controlado, cada respiración cargada de tensión. Su mirada recorrió a Tanjiro de pies a cabeza, luego volvió a la flor, midiendo su valor y su peligro.

Tanjiro (pensando): su reacción... es demasiado intensa... ¿qué significa esto? ¿Por qué esta flor lo altera tanto?

Con un gesto preciso, Kokushibou arrebató la flor. Sus seis ojos brillaron, iluminando la noche con una luz fría, como si cada iris contuviera siglos de secretos y muerte contenida. Tanjiro permaneció inmóvil, sintiendo la presión como un peso físico sobre su pecho.

Kokushibou (pensando): casi 400 años buscándola... por orden de Muzan... y ahora el mocoso me la entrega... regalo de los dioses... y yo... debo aprovecharlo...

El silencio se volvió sólido, casi insoportable. Cada respiración de Tanjiro era un recordatorio de que un solo error podía quebrarlo todo.

Tanjiro: sensei... ¿qué significa esta flor?

Kokushibou: kamado... esta flor representa la perfección para los demonios. Quien la posea puede trascender los límites... incluso caminar bajo el sol.

Tanjiro tragó saliva. Cada palabra de su maestro era un muro que aplastaba sus costillas. Su mente buscaba respuestas, pero la gravedad del momento lo paralizaba.

Tanjiro (pensando): caminar bajo el sol... ¿convertirme en un demonio? ¿Qué está diciendo sensei? Esto... esto no es un simple entrenamiento... esto cambia todo...

Tanjiro: ¿y yo... qué tengo que ver con esto?

Kokushibou dio un paso más cerca; el aire entre ellos se volvió cortante, como si la misma noche los sujetara en un abrazo helado.

Kokushibou: tú eres la llave. Cada paso, cada decisión, definirá el futuro de cazadores y demonios.

Tanjiro sintió la presión como un alud sobre sus hombros. Cada músculo estaba tenso; cada pensamiento medido, intentando comprender sin caer en la desesperación.

Kokushibou: serás la esperanza... el fin de esta era. Esta flor es solo el inicio. Tu camino... definirá todo lo que conocemos...

Tanjiro permaneció inmóvil. La flor temblaba levemente entre sus dedos. La noche pesaba, las sombras respiraban a su alrededor. Cada palabra de Kokushibou era un golpe que penetraba su mente, recordándole que nada volvería a ser igual.

Tanjiro (pensando): todo ha cambiado... mi vida... lo que creía que era... ya no existe. Esto... esto es real... y no hay vuelta atrás...

El silencio volvió a envolverlos. La flor azul parecía brillar con más intensidad, y Tanjiro comprendió que aquello que sostenía no era solo un regalo... era un arma, una llave... y un destino que ahora le pertenecía por completo.

Aprendiz de la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora