5.

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La niebla cubría Whitechapel con una densidad incómoda aquella noche, envolviendo los callejones en una humedad fría que parecía absorber incluso el sonido de los pasos. Ciel avanzaba con su bastón entre los adoquines mojados, acompañado por Sebastián, que caminaba unos pasos detrás con la calma habitual, aunque atento a cada movimiento de su joven amo.

Habían seguido el rastro hasta allí.

Las piezas encajaban demasiado bien.

La precisión quirúrgica descrita por Undertaker, el patrón de las víctimas, las rutas nocturnas... todo terminaba conduciendo a una misma sospecha que Ciel había preferido confirmar personalmente antes de aceptar.

Y entonces la vio.

La figura roja apareció bajo la luz mortecina de una farola, inmóvil en mitad del callejón.

Madame Red no mostró sorpresa al verlo. Solo una expresión serena, cansada, como si aquel encuentro hubiera llegado inevitablemente.

—Así que al final has llegado hasta aquí, Ciel...

Ciel sostuvo su mirada.

—Tía Ann.

Durante unos segundos solo hubo silencio.

Madame Red sonrió apenas, pero sin alegría.

—Siempre fuiste demasiado parecido a Rachel... incluso en la forma de mirar.

Sus ojos descendieron un instante antes de volver a alzarse.

—Tu madre tenía todo aquello que parecía llegar sin esfuerzo. Una familia. Un hijo. Una felicidad que yo jamás pude conservar.

Su voz comenzó a quebrarse muy ligeramente.

—Yo también quise algo así... pero lo perdí todo.

Ciel no interrumpió.

—Mi marido... mi hijo... desaparecieron antes incluso de existir de verdad.

Sus dedos se tensaron.

—Y después seguían apareciendo mujeres que tiraban aquello que yo jamás volvería a tener. Mujeres que despreciaban lo que para mí era imposible recuperar.

El silencio del callejón se hizo más pesado.

—Cada vez que veía eso... no podía soportarlo.

La mirada de Ciel permaneció fija.

Madame Red sonrió con amargura.

—Ridículo, ¿verdad?

Entonces una voz ligera rompió el ambiente.

—Oh, no digáis eso... yo lo encuentro deliciosamente dramático ♡

Desde la sombra apareció Grell Sutcliff, avanzando con pasos suaves, casi alegres.

—Madame se pone tan sentimental cuando recuerda el pasado...

Madame Red cerró los ojos un instante.

—Grell...

La atmósfera cambió en el mismo instante en que Grell mostró la Death Scythe.

El rugido mecánico de la motosierra rasgó el silencio del callejón con violencia.

Todo ocurrió demasiado deprisa.

Madame Red apenas tuvo tiempo de girarse.

El corte atravesó su cuerpo.

Ciel abrió los ojos apenas un instante más de lo habitual.

Sebastián reaccionó al momento, adelantándose, pero ya era tarde.

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