-Montañas del Este, Antiguo Castillo Pillager Oculto - Al mismo tiempo-
En un lugar escondido en lo profundo de las montañas del Este habia un castillo antiguo que había servido como un refugio de emergencia para las tropas de élite del Arch-Illager en tiempos pasados, y ahora era el escondite temporal del exhausto grupo de héroes.
La luz de las antorchas parpadeaba sobre los rostros tensos de Bell, Hestia, Lili, Haruhime y Eina. A unos metros de ellos Marie se abrazaba a sí misma sentada sobre una caja de madera, mientras Wiene con el ceño fruncido y sus herramientas en mano reparaba silenciosamente las abolladuras de Optimus y Gipsy.
En una esquina más apartada Yami mecía suavemente a su bebé en sus brazos bajo la atenta mirada de McGonagall. Y Reuben dormía pegado al calor de la fogata improvisada.
-Hargh (Umvuthi, el pájaro del sol).
La áspera voz del Comandante Pillager resonó en la fría y polvorienta cámara del antiguo castillo.
Bell: ¿Umvuthi?
Repitió frunciendo el ceño, sus ojos rojos fijos en el Comandante Pillager.
A su lado pegada a su brazo estaba la Reina Araña en su forma humana donde vale señalar cuando el resto de compañeras del conejo presentes se enteraron de que esta misteriosa mujer que se apareció de repente hace apenas unos minutos y lucia muy cercana a su Bell-kun, era en realidad la misma Araña que conocieron hizo que más de una se le friera el cerebro.
Sintieron una mezcla de emociones, por un lado una profunda e hirviente envidia pues a pesar de ser literalmente un arácnido era ridículamente hermosa y poseía una figura envidiable que rivalizaba con las amazonas destacando sobre todo un escote pronunciado que no dejaba casi nada a la imaginación. Pero también genero dudas pues ¿Cómo diablos era física y lógicamente posible que un monstruo, una araña de cueva, se convirtiera en una mujer humana y sexy?
Debido a todas estas dudas, miradas de celos y la imperiosa necesidad de entender qué carajos había pasado con el mundo y con sus habitantes, fue que el Comandante Pillager suspiró, se sentó sobre un cajón de madera podrida y empezó a narrar todo lo que pasó en su ausencia durante estos últimos cuatro meses.
Todo comenzó en el caos absoluto de la capital, el día en que la Tormenta Wither se formó. Mientras el grupo de héroes huía hacia el búnker para intentar escapar al Nether, el Comandante Pillager se había quedado atrás en las ruinas de la ciudad donde en medio de la lluvia de bloques asimilados y los letales rayos tractores del monstruo escuchó los llantos de auxilio. Eran unos niños pillager, civiles inocentes que habían quedado atrapados bajo los pesados escombros de una casa de piedra y roble.
Ignorando su propio instinto de supervivencia, el Comandante corrió hacia ellos. Usando su fuerza bruta y el hacha que Bell le había dejado logró levantar la viga principal, salvándolos justo a tiempo antes de que un tentáculo púrpura destruyera el resto de la calle.
Comprendiendo que la ciudad entera estaba perdida asumió el liderazgo de los supervivientes y trató de evacuar a la máxima cantidad de Pillagers de la capital en ruinas. Por pura suerte y conocimiento táctico de la ciudad logró guiar a varios cientos de su gente hacia las alcantarillas y el alcantarillado profundo, huyendo por la red de agua subterránea.
Este camino oscuro y húmedo los llevó lejos del epicentro de la Tormenta Wither, desembocando finalmente en las vastas cavernas subterráneas. Allí encontraron un refugio impensable, la Cueva Ajolote.
Sorprendentemente los ajolotes les dieron cobijo y fue allí donde el Comandante conoció a la anciana, la Abuela Olm, una criatura bastante sabia debía reconocerlo. Fue ella quien accedió a proteger a los refugiados pillagers demostrando que la compasión podía existir incluso en el fin del mundo.
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El conejo Craftiano
FanfictionBell y sus amigas, compañeras, conocidas y demas son absorbidos por un extraño portal donde caen en un desconocido y extraño mundo
