Donde una mujer humana se enamora de un autobot.
Donde una profecia de hace millones de años debera cumplirse.
El destino de T/n Bennet; Optimus Prime.
(Optimus Prime x Fem!)
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Toda esta mezcla de especie con especie, altera el equilibrio cósmico y a los creadores no les agrada. Te construyeron para que siguieras sus órdenes.
Por alguna razón las palabras de Lockdown habían reaparecido en la mente del Prime.
—Yo no soy esclavo de nadie. — dijo apenas audible.
Disfrutaba saber que los demás caballeros se habían unido a ellos a pesar de que ahora eran libres. En un futuro necesitarían toda la ayuda posible de ser necesario.
El aire en la base se sentía distinto esa noche… más denso, cargado de algo que no podía describir.
Optimus permanecía en silencio, inmóvil cerca de la entrada del hangar. Sus ópticas azules estaban bajas, como si observar el suelo fuera más sencillo que enfrentar lo que realmente lo inquietaba.
Las palabras de Lockdown seguían resonando.
Pero no eran las únicas.
—Te digo que ví a Optimus ahí pequeña. Ves ahí está. — dijo el pequeño bot.
—Gracias Brains. — asintió la humana. —Ahora si no te molesta.
—Oh claro.
El pequeño bot que había aparecido junto con los demás, se retiró al ver que la chica quería estar a solas con Optimus.
—¿Vas a seguir evitándome? —la voz de T/n rompió el silencio con suavidad, aunque había un filo evidente debajo.
Optimus levantó la mirada de inmediato.
Ahí estaba ella… de pie frente a él, con los brazos cruzados, intentando parecer firme. Pero él podía percibirlo: el leve temblor en su respiración, el brillo contenido en sus ojos.
La ex militar sentía que tal vez había exagerado un poquito y las hormonas le jugaron encontra, pero aún así no iba a desistir ante su postura. Si estaban juntos debían ser un verdadero equipo.
—No te evito —respondió, su voz grave más baja de lo habitual.
—Entonces mírame.
Él obedeció.
Y por un segundo… todo lo demás dejó de existir.
—Me mentiste —dijo ella, dando un paso más cerca—. No importa si era para protegerme o no… decidiste por mí.
Optimus inclinó apenas la cabeza, como si cargara con un peso invisible.
—No fue esa mi intención.
—Pero lo hiciste.
El silencio volvió a caer entre ambos. Esta vez más corto… más frágil.