Las vidas de los chicos del grupo E darán un giro inesperado con lo que les espera.
El juego no terminó...
El Juego apenas comienza.
La Battalla Real comienza
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Parece que ninguno de nosotros tiene idea de lo que viene, solo sabemos que debíamos morir, pero no morimos justo como debíamos hacerlo.
Sabemos que todo esto no debería de estar delante de nosotros, que no deberíamos de estar intentando comer pizza y jugo de naranja.
que no deberíamos parecer muertos en vida, con nuestros cabellos alborotados, el cuello vendado, mugre en nuestros rostros, y un desagradable hedor como el de muertos en un estado avanzado de descomposición.
Me ha costado masticar del todo bien, no porque sienta dolor o algo así, sino más bien, por la impresión y las imágenes que tardarán en desaparecer de mi mente: Cadáveres de los que fueron amigos en un largo viaje hacia la vida, así como también las horribles bestias que el Capitólio creó para matarnos.
Necesito una ducha, un ducha y un abrazo de mis padres.
Mis padres... no sé si vuelva a verlos.
Salí ilegalmente de un programa del gobierno... ellos no pueden pasarla bien de ninguna manera, en este momento podrían estarlos torturando de todas las maneras posibles.
Eso no es lo que quisiera para nadie, no se lo deseo ni a mi peor enemigo, si es que tengo uno.
Baeza no ha querido soltarme la mano desde que salimos del aerodeslizador que nos dejó en un camino que nos condujo a lo que parece ser otro domo, supuestamente un lugar seguro para que nos escondamos del capitolio, hasta que se les baje la fiebre por nuestra escapada de la arena.
Pareciera que todo lo que pensamos que sería de nosotros a estas alturas del año, no fue más que un simple sueño, alguna fantasia inalcanzable e inconclusa por ese despertar de la mañana siguiente.
Ninguno de nosotros parece normal al caminar, es como si hubiésemos comido demasiado, cuando entre nosotros, no nos comimos ni la mitad de la pizza que nos tenían servido.
Una mujer de piel morena y rizos castaños se nos acerca a mí y a Emely, para separarnos de los chicos.
No sé que quiere... bueno... en realidad si lo sé, pero no quiero que pase, no quiero separarme de Baeza, sobretodo después de que casi nos perdemos el uno al otro hace menos de un día.
La mujer es algo asi como una enfermera, que nos indica las duchas, para Emely y para Mi, para que nos quitemos todo lo desagradable de la arena.
Desvestirme bajo la mirada de doctores, no es algo que realmente me importe, confío en su criterio total y su profesión.
Ellos me examinan y me hacen ducharme el tiempo que sea necesario para que me sienta limpia, mientras que la sangre seca de quien sabe quiénes, lodo y tierra, se escurre de mi cuerpo desnudo hasta el fregadero de la ducha.
Hasta donde sé, estan haciendo lo mismo con los chicos en este momento.
Apenas termino con mi ritual de ducha, dan una bata blanca y enseguida se deshacen de mi antiguo uniforme escolar que porté por casi tres días.
No me importa más ese uniforme, mirarlo sólo me trae recuerdos... horribles recuerdos de aquellos que se mataron los unos a los otros, sólo porque alguien lo dijo.
Me pregunto ¿qué sigue ahora?
En verdad no lo sé, los doctores me han sanado las heridas antes de que pueda decir "Batalla Real"
En realidad creo que estamos seguros en este lugar, considerando que... nos han alimentado, bañado y curado.
Sólo nos falta intentar dormir... si es que lo logramos
Nos conducen a nuestros dormitorios...
No es gran cosa, solo cinco camas, separadas por una pequeña barrera entre las camas de los chicos y las nuestras.
Todos estamos aquí, con la excepción de Ricardo, supongo que está con su hermano... es gracioso cómo nunca había escuchado que él lo mencione hasta que estábamos saliendo de la arena
El ver su relación tan apegada, me da nostalgia al recordar a mi familia, la familia que probablemnte nunca veré de nuevo, mientras los juegos y la reforma continue.
Me traen una píldora para poder conciliar el sueño, quisiera que al menos, pudiera darme dulces sueños