Cada día sin su presencia era horendo, cada hora fastidiosa, cada minuto insoportable y ni hablar de los eternos segundos. Cuanto deseaba estar a su lado. Como extrañaba las noches juntos. Mi corazón ya no latía ni sentía, pero seguía perteneciéndole a ella. Recuerdo como las palabras salían volando de su boca con una suave melodía que me reconfortaba. Su presencia era placentera. Podría hacer cualquier cosa solo para poder volver a verla. Hacia ya mucho tiempo que quería estar con ella, pero no podía. Ya que mientras yo ardía acá abajo, ella gozaba en lo alto.
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