Luego de quince minutos de miradas asesinas por parte de mi compañera de cuarto, Harper decidió largarse, no sin antes azotar la puerta.
Realmente empiezo a detestar a esa chica, ¿cuál es su problema?
Que yo recuerde jamás la había visto en mi vida, así que es imposible que le haya hecho algo. El sonido de la puerta siendo tocada hizo que dejara de doblar mi ropa interior y la metiera en el cajón del closet -que por derecho es mío-, antes de ir a abrir.
Me encontré con una mujer castaña de alrededor de la edad de los cuarenta. Una sonrisa forzosa se formó en sus labios al verme, mientras sostenía una bolsa negra, por su forma de vestirse ya me daba la idea de quién es la mujer frente a mis ojos.
-¿Necesita algo? -Pregunte jugando con el picaporte de la puerta.
-Soy la señorita Trina Rudolf. -Se presentó cortésmente. -Soy la prefecta.Quise reírme al escuchar señorita, en vez de señora. Por lo general a su edad todas mujeres se les dice señoras ¿no?, no es que este mal lo que dijo sino que es raro escucharlo.
-Un gusto. -Sonreí a medias.
Su ceño se frunció antes que el mío. ¿Acaso tenía algo de malo lo que dije?
-¿Acaso no piensa decirme su nombre? -Cuestiona.
-Usted lo sabe ¿no?
-Sí, pero...
-¿Entonces cuál es el problema? -La interrumpo. -No veo necesario repetir algo que usted ya sabe, con todo respeto.
-Olvídelo. -Bufa. -Tome, en esta bolsa están los uniformes que compro su padre para usted. -Suelta la bolsa una vez que mis dedos tocan el plástico. -Tiene derecho a cinco faltas por mes, solo tiene permitido faltar por enfermedad, está prohibido que los muchachos entren al edificio, cada domingo hay revisión, solo para verificar que el reglamento se esté cumpliendo, así que si fuma o le gusta beber, vaya despidiéndose del vicio -hace una pausa para sonreírme-, la hora de dormir es a las diez, eso significa que las luces se apagan a esa hora y nada de salidas nocturnas, los baños se encuentran al final del corredor al igual que las duchas...
-¿Cómo hago para conectarme al wifi? -La interrumpí haciéndola rodar los ojos. Sé que desde el momento en el que no le dije mi nombre un gran odio nació en ella dirigido hacia mí. Ni modo.
-Libre25, todo en minúsculas y junto.
-Muchas gracias.
-Bien la lavandería esta... -La interrumpí de nuevo.
-No se preocupe, todo está bajo control... Si me permite, tengo una ropa que doblar. -Alce la bolsa negra.
-Ni siquiera he terminado de explicarle el reglamento ni...
-No es necesarios, ya Liese, me explico todo, además tengo el reglamento y la guía, yo le daré una revisada. -La interrumpí. -Que pase un bonito día. -Me despido antes de cerrar la puerta.Deje de prestarle atención a la prefecta desde la hora de dormir, lo único que pasaba en mi mente era preguntarle acerca de la clave. Tire la bolsa en la cama y agarre mi celular. No tarde en conectarme y perderme durante hora y media en mis redes sociales.
-Esta foto vale oro... -Reí al ver a Nathalie calva.
Meterme en la sección de los cotilleos de mi antigua escuela fue de gran entretenimiento, Amanda Green sí que sabía redactar una historia, tuve que dejar mi celular por un fuerte dolor en mi estómago seguido de un gruñido escandaloso.
-Vamos pinky, al parecer alguien tiene hambre. -Me pare de la cama.
Sé que suena raro y quizás y yo sea la rara por ponerle un nombre a mi estómago, pero que puedo decir, nadie es perfecto, además cada quien es raro, a su manera pero lo es y nadie se tiene que enterar que mi estómago tiene nombre...
Llevo diciéndole pinky o señor gruñón a mi estómago desde los siete años.
Salí de mi habitación luego de guardar el resto de mi ropa en el closet. Salí del edificio aún pensado por la necesaria instalación de un elevador. Me percaté de la presencia de los estudiantes y sus horribles uniformes, aunque no me puedo quejar, están mejores que los de mi antigua escuela. Maldije dentro de mí al recordar que deje mi guía en mi nuevo dormitorio, bueno, tendré que usar lo que mi memoria fotográfica guardo para mí.
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Queen of disaster
Romance"Si te ilusionas, suéñalo. Si te enamoras, vívelo y si te dejan supéralo..."