Me di cuenta que te he escrito poco y nada. Aunque puse mi alma en esas palabras, cuando vuelvo a leerlas, no siento nada. También sé que no habrá respuestas. Ni una. Aunque sinceramente no la necesito, y tampoco la deseo.
Quiero que sepas que no puedo expresar todo lo que pasó en unas pocas piezas de papel, no puedo. Lo intenté. Intenté que pudieras entender cómo me sentí después de todo aquello, del daño que me hiciste, del daño que nos hicimos.
Quiero que sepas que volví a usar vestidos, y polleras, y shorts, todo lo que alguna vez usé antes de eso. Ya no me avergüenza mostrarme, ya no me importa mostrar las marcas y cicatrices que dejaste. Ahora las veo como un triste recuerdo, con forma de una mariposa y una rosa, jaja. Dejé de usar tantas pulseras, y remeras largas, me encanta exponer mi piel, me hace sentir que soy otra persona, que estoy viva. Créeme que en ese entonces, parecía una moribunda, un cuerpo viejo y marchito, abandonado; pero ya no. Conocí tantas personas, algunas de ellas ya no están, pero me dejaron consejos y recuerdos muy valiosos para mi. Me enseñaron a no dejar que nadie y nada me pase por encima, y a no rendirme nunca más. Ya soy una niña grande, corazón. Una niña que sabe lo que debe y no debe hacer. Que aceptó su pasado y le abre los brazos al futuro.
Si tan sólo me vieras, aunque sea por un segundo, lo sabrías.
Estoy viva.
Y no pienso dejar que nada me vuelva tirar tan abajo como antes.
Adopté cuatro perros. Si, cuatro. Son hermosos, y tan tiernos; sabes que siempre quise tener uno, y ahora tengo cuatro jajaja. Me siento muy feliz, no recuerdo que haya reído tanto como ahora.
Conocí a alguien, que realmente me aprecia, es muy atento conmigo, sabe cuáles son mis límites, sabe lo que quiero y necesito. Estamos yendo despacio, tratando de ir conociéndonos y adaptándonos uno al otro, todo sin caer en una aburrida rutina. También terminé mis sesiones con el psicólogo, y después de todo, creo que es hora de dejar de escribirte; aunque haya empezado a hacerlo sólo para desahogarme, y que supieras todo lo que pensaba y sentía, se que ya no es necesario ni útil. Ya no tiene sentido seguir haciéndolo, no quiero terminar atándome a estas cartas que sólo me hacen vivir de nuevo el pasado. Lo superé, realmente lo hice, por eso, sólo voy a dedicarte unas pocas palabras más, y terminar con esto.
Siempre te odié por el hecho de que me forzaras tanto durante nuestra relación, no me considerabas como tu igual, eras tan egoísta, y yo tan ciega, jaja. Odié cuando rompiste toda mi ropa, cuando diste vuelta por completa mi casa, destruyéndolo todo a tu paso, como un huracán. Cuando quise dejarte y me golpeaste por primera vez, no sabía si llorar o reírme, estaba tan asustada. Ahora me siento ridícula por lo cobarde que era. Después de esa vez, se hizo algo normal y rutinario, las discusiones, los maltratos, tus infidelidades; cómo perseguía a esas mujeres, como si me hubiesen robado algo valioso, no eras un tesoro, cariño, pero en ese momento, dios, como te atesoraba jaja.
Nunca entendí el por qué querías tenerme, no era tan especial, pero creo que jamás voy a comprender tus motivos, lo qué pasaba por tu mente, no quiero ni imaginar cuán retorcidos y obsesivos eran tus pensamientos. Tu satisfacción cuando te sacabas el cinturón, tu sonrisa de oreja a oreja, cuando veías mi rostro aterrorizado. ¡Qué repugnante! Te odié tanto.
Pero de lo que te odiaba, también te amaba. Tampoco voy a comprender por completo mis razones por quedarme contigo hasta el final. Es algo que aún no entiendo, pero pienso que quizás mi mente no quería verte como un monstruo, aún quería verte como el príncipe que decías ser.
Tantas cosas pasaron entonces, pero lo qué pasó al final, fue el límite. Ese día quise morir. Pensé que nunca ibas a detenerte, en plena luz del día, en frente de tanta gente, y vos enloqueciste. Tomándome del pelo, y sacudiéndome de un lado a otro bruscamente, para luego tirarme al suelo. Me golpeaste tantas veces, y fuiste veloz, y aunque un hombre se tiró encima tuyo para detenerte, te safaste y perdiste el control. Mataste a ese hombre, cariño. Ese hombre que quiso salvarme de que me lastimaras, y después viniste por mi, con la navaja que le había quitado la vida a ese hombre. Sólo llegaste a herirme un poco, otras personas te detuvieron, no recuerdo muy bien, en ese momento ya estaba muy ida, no quería verte, no así, no como estabas sonriendo, disfrutando de verme herida y desangrada, frágil y hecha un ovillo en el suelo. Estuve mucho tiempo internada, demasiados huesos rotos, demasiado traumatizada como para darme el alta.
Pasó mucho tiempo, y hay heridas que no sanarán todavía; pero déjame decirte, que sanaron las suficientes para entender que se necesitan muchas más para volver a derrumbarme. Sé que era joven, inocente, y tonta. Pero no fueron justificadas tus razones; nunca lo serán. Nada de lo que puedas decirme cambiará lo que siento y pienso ahora.
Te amé y te odié. Mucho. Pero ahora, no siento nada por vos. Te convertiste en una sombra, cariño. En algo que carece color y sentido. En algo que no tiene voz. En algo que es incapaz de saber lo que son los sentimientos. En algo que ya no existe. En algo que ya nadie desea cerca. En algo que dejó de tener poder. En algo que no tiene forma. En algo insignificante. En NADA.
Te convertiste en la nada misma, en nadie, en un desconocido sin nombre, sin vida.
Sin pasado, sin futuro, sin sueños, sin recuerdos.
NADA.
Todo lo que me robaste, lo quiero de vuelta. Y lo tendré.
Como dije, la nada no vive, no siente, y no existe.
Espero que en tu próxima vida, puedas aprender a vivir, corazón. En esta, fracasaste, y dejaste que muchos se hundieran contigo.
Es momento que yo sonría mientras sé, que en estos momentos, te estás pudriendo en el mundo perverso y enfermo que creaste, y al que perteneces.
Uno cosecha lo que siembra, amor. Y ahora es hora de que pagues.
Te deseo suerte en tu otra vida. Realmente lo hago.
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Palabras a Nadie
RandomHay palabras que sólo fueron hechas para ser arrojadas al aire, palabras que no tienen nombre, palabras que sólo son oídas por la nada, por Nadie.