Capítulo 8, Niebla

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Matt estaba sentado en su caravana. Leía un libro, uno de los bonitos romances que tanto le gustaban.

También le gustaba su caravana. Parecía una cabaña de madera de las que solo se encuentran en medio de un bosque o junto a un lago.

La estancia contaba con pocos muebles; una cama, un sillón, una alfombra marrón y una pequeña estantería medio escondida tras la cama. Allí era donde guardaba las novelas románticas que leía. Bien ocultas, fuera del alcance de su hermano.

No estaría bien que alguien se enterara de una debilidad así. Era algo bastante vergonzoso, pero… es que eran tan maravillosas. Le gustaban ese tipo de cursiladas.

A sus pies se encontraba el enorme oso polar. Era una suerte que la caravana fuera tan espaciosa, casi parecía más grande en el interior que en el exterior.

Alguien llamó a la puerta.

Matt chasqueó la lengua. Lo habían interrumpido en la mejor parte. Se levantó, guardó el libro con cuidado y se acercó a la puerta.

Echó un vistazo a través de la mirilla justo cuando volvían a golpear la madera con suavidad al otro lado de la puerta.

La abrió y se quedó mirando al montón de pelo rosa alborotado de la cabeza de su invitado.

—¡Oh Mattie, por fin abres! —exclamó emocionado el dueño de la mata de pelo rosa—, ¡estoy aterrado!, ¡no encuentro a Twain por ninguna parte y no conoce a casi nadie aún! ¿Ha venido por aquí?

Las palabras salieron como un torrente de la boca de Oliver.

—No.

Eso fue lo que dijo Matt. Eficiente, conciso. Se dispuso a cerrar la puerta.

—¡Espera! —suplicó Oliver—, ¿podrías ayudarme a buscarlo? Por favor.

Oliver juntó las manos.

Matt se tomó unos instantes antes de responder. Con la buena noche que estaba teniendo, disfrutando de aquella novela. Pero Kuma podría ayudar a encontrarlo al momento. Si acababa pronto podría volver a terminar de leer aquel libro sin más interrupciones.

Se encogió de hombros y se preparó para salir de la caravana.

La cara de Oliver se iluminó como el tiovivo del circo. Una enorme sonrisa digna del gato de Cheshire apareció en su rostro. Al menos uno de los dos estaba contento.

Whatever —susurró Matt como de costumbre.

Salió de la caravana. Kuma, su oso, no tardó en seguirlo.

Cerró la puerta y se giró hacia Oliver.

Una suave brisa soplaba en el exterior, aunque parecía estar incrementando la potencia. ¿Se acercaba una tormenta?

—Kuma se encargará de rastrearlo.

—Estoy tan preocupado, Mattie, si le pasara algo… —dijo Oliver.

Matt se limitó a rodar los ojos. No había quien le quitara la manía a su… padre. Guau, hacía mucho que no recordaba que él era lo más parecido a una figura paterna que tenía. Aunque aquello convertía a Francois en su madre. Negó con la cabeza intentando disipar aquellos pensamientos. Empezaba a emparejar personas después de haber estado leyendo novelas románticas. Bueno, podría ser peor.

—Dame algo suyo —ordenó.

Necesitaba un objeto para que Kuma pudiera seguir el rastro y realmente no tenía muchas ganas de explicarse. Ya había agotado su reserva de frases largas del día.

Welcome to the Night CircusDonde viven las historias. Descúbrelo ahora