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Me solté de su agarre con algo de hostilidad mientras lo miraba con toda la repulsión del mundo al recordar sus palabras. Aquellas palabras que seguían en mi memoria.

—Lo siento tanto...—Susurra. Al parecer estaba asombrado y  no lo podía asimilar, me mira y siento que el corazón me da un vuelco. Tranquila, Leila. Sus ojos me expresaban solamente tristeza—De verdad, lo siento, bastante, yo...

Hago un alto con mis manos y con todo el dolor del mundo le hablo—No lo sientas —Dije, traté de que mi voz sonara lo más fría posible. No sé si lo logré a decir verdad—Lo siento yo—Una lágrima resbala por mis mejillas. Tengo que dejar de llorar—Por creer  en ti...

—Leila, yo...—Trató de hablar pero seguí expresándole todo lo que me estaba quemando por dentro.

—Lo siento yo por haberme ilusionado contigo, siento todos los malditos besos que me has dado, siento mucho que llegaras a mi vida y lo siento por haber creído que era alguien importante para ti.

—Eres alguien importante para mi—Ruedo los ojos. Sonrío débilmente y niego—De-debes creerme—Comienza a titubear. Me cruzo de brazos resoplando un mechón de mi cabello que cayó a mi frente. Era eso o mirar a Scott y la verdad que no podía mirarle sin sentirme tan débil o con ganas de lanzarme a sus brazos a llorar aunque él sea el responsable de todo.

—No quiero hacerlo.

—¿Por qué no?—Está desesperado. Su tono de voz me lo dice todo.—Yo... Leila, de verdad que nunca te haría daño. Eres todo para mi, lo juro.

—¡Pero lo hiciste, maldición!—Le gritó cabizbaja.—Me has hecho daño, me has quebrado bastante, así que no me digas que nunca serías capaz de hacerlo cuando ya lo has hecho.—Se queda callado y aprovecho para continuar, pero esta vez levanto el rostro y lo miro. Lo señalo con el dedo— Y no vuelvas a decir jamás en tu maldita vida qué soy todo para ti cuando ni siquiera sabes que es lo que quieres.

—¿Qué no sé lo que quiero?—Ironiza.

—No, al menos no conmigo.—Le expreso.—Por Dios, no quieras engañar a nadie. Me tratabas como un maldito juguete de besos y luego cuando te aburriste de mi, me hiciste un lado. ¡Pero eso no termina ahí!, te fuiste a buscar algo que otra si podría ofrecerte aquello que querías—Lo miro y siento ganas de vomitar. Hago una larga pausa—¿Qué es lo que diablos quieres?—Le grito.

—Te quiero a ti, siempre te he querido a ti.—Me gustaría mucho poder reírme en su cara, pero sus palabras me han emocionado y me da una rabia por ello, una rabia cargada de tristeza.

—Y a mi ex mejor amiga también, ¿no?—Bufa.

—Ella me drogó —Exclama y yo abro los ojos como plato. Pestañeo varias veces sin procesar bien sus palabras y lo miro atónita.

—¿Qué?—Elevo una ceja. En estos momentos no sabía si creer en él o no.

—Por eso dije lo que dije —Se muerde el labio inferior. No sé si deba creerle, pero sus ojos rojos me gritan que está diciendo la verdad, aunque...—No estaba en el total control de mis acciones—Se explica con torpeza—Perdóname, Leila.

—No te creo absolutamente nada— Le solté sin yo creer mis propias palabras.

—¿Qué quieres que hagas para que me creas? —Pregunta alzando lo brazos y pasando sus manos repetidamente a por su cabello.

—Respóndeme algo—Me lamo el labio inferior. Sé que esto casi no tiene nada que ver con el tema, pero necesito salir de dudad.

—¿Eso es todo?—Pregunta sin poder creerlo. Asiento—Pues pregunta todo lo que quieras.

—¿Por qué me has ignorado todo un mes? —Pregunté y este se puso muy nervioso con mi pregunta. Algo más estaba pasando, algo que no me decía. ¡Dios mío!

—Es..que...yo... —Cierra los ojos mientras respira profundamente— Porque me enojé contigo —Dice rápidamente. Frunzo el ceño. Que yo sepa no le había hecho nada para que se enojara conmigo.

—¿Por?—Me cruzo de brazos.

—Bu-bueno... No sabría decirte... Yo... He...este...— Pongo los ojos en blanco antes sus balbuceos sin sentidos— yo....

—¡Hey! — Me grita una voz bastante familiar. Aprieto los dientes. Támara. Venía hacia nosotros a pasos rápidos— Tengo que decirte algo, Leila.—La miro con desagrado y niego.

—Si es como te acostaba con Scott, no me interesa —Dije tajante. Tener a Scott frente mío dolía, pero tenerlo a ambos era como una maldita bala en mi corazón.

—No es de eso, amiga —Responde.

—¿Aún tienes el descaro de llamarme así?—Ironizó— ¡Já! —Exclamo—No tienes vergüenza —La miro de arriba abajo con gesto crítico—Y mucho menos moral.

—Porque tengo moral seré sincera contigo —Dice ella tomándome por sorpresa. ¿Qué diablo es lo que quiere?. Veo la incomodidad de Scott reflejada en su rostro.

—Empieza a ladrar —Dije y ella frunce el ceño.

—¿Ladrar? —Dice confusa. Haciéndose la inocente cuando sabemos que no es así.

—Solo habla —Dice Scott y Támara asiente. El frío hizo que titiritase y me abrazara a mi misma. Era temprano todavía y el ambiente no podía lucir más tenso.

Lo que sea que me tenga que decir, no me importa para ser sincera. Estoy cansada de llorar y de mostrarme como una debilucha delante de los demás. Quiero dejar de sentirme así, quiero dejar de sentir estos sentimientos tan abrazadores que me ahogan haciendo que me reclame a mi misma porque a pesar de todo sigo sintiendo lo mismo por ese estúpido que me rompió el corazón.

—Te voy a decir algo que no sabes—Coml si no fuera obvia eso— Que pasó ayer en la noche —Dice Támara y agacha la cabeza. Mi cabeza empieza a pensar a millón tratando de qué me podría decir para herirme y hacerme sentir más miserable de lo que me estoy sintiendo ahora. Pero ella no hablaba, guardaba silencio y eso me estaba poniendo más nerviosa con tanto drama.

¡Que diga lo que tenga que decir de una buena vez!

Quiero llegar a mi casa para llorar en paz sin que nadie me vea. Aunque dije que no quería llorar más, pero no voy a engañar a nadie con esa vil mentira.

Chatt con un desconocido ✔️ (EDITANDO) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora