Llueven mis ojos

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Llegue a mi casa. Pensando. Con la cabeza a mil. 

Ya estaba mejor, obvio. Después de hablar con mi tía. Pero, me ponía tensa el pensar en el momento en el que iba a hablar con mi mama. Solo sabia tres cosas. Que la iba a decepcionar, que me lo iba a decir, y que iba a llorar. 

Me acorde de Lucia, y la llame. Sabia que debía estar super intrigada. 

(Llamada telefónica) 

-Lucia! Hable con mi tía. Y me fue muy bien. Le voy a contar en un rato a mi mama, cuando llegue del trabajo. Ya estoy decidida. Mientras mas tiempo pase va a ser peor. 

-Soledad! Dejame procesar todo lo que me dijiste en un minuto, o menos. (Pasaron unos segundos)... No entiendo, como es que ya le vas a decir, siendo que tenias tanto miedo. Explícame. 

-Es que, Lu, si no es hoy, va a tener que ser mañana. Y mañana tengo psicóloga y quiero contarle. Quiero poder descargarme ahí, de todo lo que me vaya a hacer mal, todas las palabras que me vayan a herir. 

-Esta bien amiga, ya debe estar por llegar tu vieja asi que te dejo, si? Mañana me contas si o si como te fue. Nos sentamos juntas en la escu. Así charlamos. Te quiero, chau! 

Y llego. Y estaba mi hermana. ¿Y como se lo iba a decir estando mi hermana? Pero pensé. Y se lo dije. Mi hermana ya sabia. Me veía en la escuela, en el patio. Y podría apostar que sabia que sufría. Pero también sabia que ni por ella iba a poder dejarlo. Entonces, si gente, tuve coraje y se lo dije. Pude. Y fui como dejar ir una mochila cargada de rocas gigantes. Si, gigantes. Pesadas. Y que sobre todo, lastimaban. Hacían llover mis ojos. 


Soledad AbsolutaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora