Prioridad

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No somos nada sin aquella mitad que nos hace tanta falta...

Nathaniel volvió a soltar otro suspiro, definitivamente esto no estaba ayudando y menos porque Rubí no dejaba de ver hacia la puerta por donde cierto felino de ojos violetas se había ido, ¿acaso le atraía? Bueno, no era el momento para romance. Se sentó alado de ella, llamando su atención y la sonrisa que la chica le dedico le hizo recordar a dos traviesas cuando solo tenían diez años. Esta chica definitivamente era un ser puro manchado de sangre.

- A ver, Rubí, necesito toda tu atención en mí. –le pidió sonriendo, ella asintió de acuerdo y Nathaniel le tomo la mano con delicadeza, el tacto hacia que la gente prestara más atención. – ¿Dónde se encuentra el lugar donde tu Señor esta?

- No lo sé. –se encogió de hombros. –Es un lugar grande, puedes ver el cielo como si pudieras tocarlo y cuando llueve es como estar en el mismo cielo, ya que las nubes descienden tanto que te rozan la piel. –Rubí suspiro soñadora, enamorada de las imágenes que su mente le regalaba de memoria. –Los arboles parecen no tener fin y...

- Amor, no te me pierdas. ¿No hay ciudades cerca? ¿un rio?

- No, nada de eso. Al Señor no le gusta, pero...

- ¿Pero?

- Hay mar. –susurro viendo a un punto fijo. –El mar está cerca de ahí, pero nunca nos deja ir a jugar porque nos verán y él no quiere que nos vean. –hizo una mueca. –También hay muchos barcos...

- ¿El muelle? –pensó en voz alta, viendo hacia una pared en particular, obvio esta no era una pared si no un vidrio que permitía ver dentro de la habitación, pero no fuera.

- Ni idea. –rio bajo, Rubí se acercó a él hasta poner la frente en su pecho y él solo pudo pensar en todo lo que esa pequeña tuvo que haber sufrido. –pero no quiero volver.

- No lo harás, te quedaras conmigo y...

- ¿Él lince? –ella alzo su carita, sus ojos llenos de esperanzas.

- ¿Quién?

- El lince de ojos lavanda, es hermoso y lo quiero, ¿puede ser mío?

*~*~

Cedrix sonrió al ver su trabajo terminado, a pesar de que había unos pequeños errores de elección de palabras había sido fácil colocarlas de la forma correcta, además de eso era divertido hacer algo que hacia bien además del sexo, claro. Se dejó caer en la cama de la hermosa humana llamada Magali, viendo la hoja recién impresa donde tanto el código binario y la traducción estaba, en verdad era muy fácil de realizar.

El código binario se basa de solo dos números: 0 y 1. Los Bit eran las entradas, los ceros las que estaban cerradas y los unos abiertas, la lectura de ese tipo de códigos es de derecha a izquierda. Cada entrada tiene un valor, la primera de derecha a izquierda vale 1, la siguiente 2, después de esa, 4 y luego 8 y 16, ya que solo había cinco entradas hasta ahí llegaba la numeración.

La primera sucesión de ceros y unos contaba con tres guiones cortos y después uno largo, eso quería decir que ahí terminaba la palabra. Los primero cinco antes del guion corto se conformaba por: 01000. En el único bit donde había entrada activa era donde le correspondía al ocho, la letra número ocho del abecedario era la H.

Para Cedrix comprender aquello era como retar a una prostituta a hacer sexo oral, era obvio que lo haría rápido y bien, porque tenía experiencia...como él en el código binario. Busco su celular en la cama sin dejar de ver la hoja, buscando posibles fallas, pero obvio no había ninguna. Marco el número de Magali y espero con ansias escuchar su hermosa voz, solo con ese dulce sonido podía olvidar hasta de respirar. Adoraba eso...

Brass (Nuevas Especies 9)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora