Pasear por ese lugar al cual nunca pensabas volver me molestaba en gran medida y una vez el hambre saciado podía pensar ya con mayor tranquilidad, tenía que encontrar a Alexander y hablar del porque me había dejado con vida, cuando el dijo que me castigaría “¿A qué tipo de castigo suponía el someterme?”
El aire comenzaba a verse “puro” si es que en mi vocabulario como el de cualquier vampiro existía esa palabra, ya que, nosotros no éramos de los seres más puros y racionales de la creación, seguíamos nuestros instintos como seguíamos un camino que al morir nos llevaría al infierno… si es que este existía.
Los cadáveres se veían en diferentes partes por donde pasaba pero más atrás llegaba un sirviente a recogerlos y deshacerse de ellos –que era lo más lógico- tenía una sola dirección y era el cuarto de mi antiguo padre y amante, los pasillos en dirección al último piso seguían igual a como los recordaba, cubiertos de una pintura color crema con algunas manchas de lo que habían sido viejas cenas más que el piso estaba desnudo por lo que se notaba la madera caoba que mis pies apeas tocaban. Dos puertas que llegaban hasta el techo hecho de olmo se alzaban en mi frente, suspire para terminar de abrir las puertas, el aire de esa habitación que había sido un lugar conocido y desconocido me golpeo de lleno en la cara.
Solté un gruñido bajo a la vez que cerraba mis ojos, seguía igual que el resto de la casa, todo exactamente igual. Su olor se impregnaba de lleno en la habitación sándalo, moras, sangre, rayos del sol, muerte, volví a gruñir de forma suave dejándome embriagar por ese dulce aroma. Pase de lleno a la habitación cerrando las puertas detrás de mí, el ataúd de un color marrón chocolate hacia de una mesa muy pintoresca para una mortal, en el centro había una cama con dosel barnizado en oro y imágenes de la flor de lis más que poseía unas hermosas sabanas de seda carmesí, cortinas negras, una chimenea de rico marco francés parecidos a los de la reina María Antonieta, las paredes eran del color del cielo con dibujos en negro de intricado diseño más que sobre la hermosa chimenea había un televisor pantalla plana parecido al que poseía la habitación en la cual me había encontrado.
-Todo sigue igual, Angelique o ¿Esperabas que todo hubiese cambiado cuando te marchaste? –estaba recostado contra la chimenea la cual estaba prendida y dando un calor que ninguno necesitaba, en su cara se extendía una sonrisa prepotente de blancos colmillos con manchas diminutas de sangre diciéndome: “Se que olisqueaste cuando entrantes, pequeña”
-Esperaba que me dejaras “vivir” en paz después de años de lejos –me cruce de brazos mientras volteaba a mirarlo a los ojos con un mueca en mi boca.
-Te lo dije desde un principio, la soledad es algo que ni siquiera nuestra especie soporta de allí nacen ustedes para hacernos compañía hasta que se alejan y volvemos a caer en la soledad donde nuestra única compañera es la luna, Dulce Angelique.
-¿Haciéndotelas de poeta? –alce una ceja en su dirección aunque la sonrisa de prepotencia que tenia estampada en su cara no se le quitaba, “Bastardo”.
-Siempre, hermosa, siempre. Además es una costumbre que no se puede quitar, demasiados años con ella –hizo un ademan con la mano restándole importancia- pretendo que no viniste a tener una conversación tan banal conmigo, Angelique.
-Ciertamente en eso te tengo que otorgar la razón, ¿Por qué me dejaste “vivir”? y ¿Por qué me trajiste de nuevo a este sitio? –mi ceño se frunció de inmediato mientras escrutaba su cara.
-Es raro de tu parte no ser directa, en cualquier caso… te deje “vivir”, si es que se le puede llamar así por la razón de que solo me encontraba enseñándote lo primero que te dije cuando te cree, NUNCA tratar aun mortal como una basura, además, ¿Por que tuve que dejarte en una alcantarilla hasta que despertaras a la noche siguiente?
-Todos los vampiros tratan a su cena como una basura una vez que acaban con ella, ¿Por qué hacer yo la diferencia? –Sus ojos penetraban los míos, ese suave morado estaba mirando a un frio azul- sencillamente pensé que lo harías, padre.
-Porque al tratarla con respeto por lo menos le das una muerte digna por lo menos he de notar que no has perdido muchas de las cosas que te enseñe –se alejo de la chimenea caminando de manera hipnótica, firme y animal- nunca pienses que hare algo como eso –lo había susurrado en mi oído.
-Hay cosas que nunca se pierden –quería alejarlo… “¿Quería?”, sentí su mano subir por mi cadera acariciando con delicadeza como si me fuera a romper, ¿Por qué no lo alejaba? Mis brazos no lo querían alejar de mi, mi cuerpo, todo mi ser me traicionaba era increíble que mi cuerpo lo quisiera, yo no podía… No…
Respire profundo –acción involuntaria e innecesaria- ante el paso de su boca por mi cuello descendiendo por hacia mi clavícula, veía su sonrisa ante mi falta de control de mi propio cuerpo, “¿Qué tiene el que me hace volver a la vida?”
“Recuerda algo… nunca podrás alejarte de mi aunque quieras. Yo te di una vida nueva para detener tu muerte, tu envejecimiento, tu sufrimiento y pena, te di mi sangre, eres mi hija pero también eres mi mujer y mi amante, tu cuerpo solo reacciona a mi estimulo y eso es algo que aceptaras, ya que, tu eternidad solo será llenada por mí... Mi Dulce y Hermosa Angelique” ese recuerdo resonó en mi mente, llenándome de algo que sabía que era realidad, el siempre tuvo la razón pero no se la quería volver a conceder.
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Perdidos
Vampire¿Perdida? No lo estaba. ¿Sola? Lo estaba. ¿Me buscaban? Pensé que nunca lo harían y mucho menos aquel ser que llego a abrir mis ojos. Angelique D'Fonte se encuentra en París, la tierra que la vio nacer, morir y revivir como lo que era, nunca pensó...
