Recuerdos de una vida anterior. Parte uno.

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“Me encontraba sentada en el centro de un hermoso prado cubierto de nieve y rodeado por arboles, los cuales poseían ramas sin follaje los cuales tenian que ser de color verde o colores anaranjados, al ser tan altos sus ramas llegaban a entrelazarse, creando una especie de cúpula recubierta de nieve y unos suaves tonos grisáceos con motas en negro. El frio en el aire se podía percibir, y este provocaba que mis mejillas blancas tanto como la nieve que allí se encontraba se vieran abatidas por un color carmín natural. Era de noche y la luna se encontraba perfectamente redonda y perfectamente platinada.

El vestido color verde esmeralda que cubría mi pequeño cuerpo de niña era el color más resaltante en ese lugar, mi cabello color chocolate era tapado levemente por una capucha color crema que era parte del abrigo que cubría muy poco mi vestido, ya que iba amarrado hasta las caderas. Respiraba suavemente como si fueran suspiros mientras veía pasar a los pocos animales que podía visualizar, los cuales eran: una lechuza blanca con motas en negro, un pequeño conejito grisáceo junto a su madre y unos pajaritos que se encontraban escondidos dentro de los nidos que estaban escondidos entre las ramas de los arboles.

Recogí un puñado de nieve con ambas manos y comencé a darle la forma de una bolita para terminar haciendo otras igual a esa sin tener ningún propósito de qué hacer con ellas después de terminar de hacer la cantidad que a mí me conviniera o quisiera.

Vi volar frente a mí una mariposa como ninguna otra, era de un color azul medianoche con motas en blanco, sonreí ampliamente al verla pasar frente a mis ojos y seguirla con la mirada.

-Es preciosa, ¿No te parece? –era una voz masculina profunda y grave pero a su vez parecía terciopelo, no reconocía de quien era por lo que voltee a verlo y fruncí levemente el ceño al ver esos ojos morados tan extraños y a la vez hermosos- ¿Qué sucede? ¿Tengo algo en la cara? –volvió a preguntar con esa cálida voz que me comenzaba a agradar.

-Sí, es hermosa…  –respondí a lo primero que me había preguntado de manera calmada, seguía mirándolo a los ojos sin apartar la vista en algun momento- ¿Quién es usted? -entrecerré los ojos suavemente esperando su respuesta mas que había comenzado a morderme el labio de manera inconsciente.

Se coloco de puntillas a mi lado de forma que ambos nos podíamos ver cara a cara sin perdernos de ningún detalle del rostro del otro o alguna accion- Soy un amigo, nada más que eso pequeña –sonrió de manera dulce y pasible mostrándome unos colmillos un tanto afilados, además de que comenzó a acariciar mi cabello produciendo que el sonrojo en mis mejillas no fuera producto del frio- No deberías desconfiar de mi, Angelique.

-¿Cómo conoce mi nombre? –me aleje un tanto temerosa y termine por levantarme de donde estaba sentada para mantener distancia de el, cada segundo que pasaba me mordía con mucha más fuerza el labio sin apartar mi mirada de él, se levanto y se limpio la nieve de las manos que habian tocado el suelo, me miro desde arriba ya que era mucho más alto que yo, aunque eso es de esperar cuando eres tan solo una niña de 6 años.

-Te dije que soy un amigo. Conozco a tu padre, madre y algunos de tus hermanos mayores, además te dije que no me tuvieras desconfianza no te hare daño… -“No mucho” lo había escuchado en un susurro dentro de mi mente con su voz sin saber el porqué de que ello hubiese pasado justo ahora- Pequeña Angelique –acerco su mano a mi rostro la cual sentí fría casi pudiendo ser comparada con los témpanos de hielo.

No dije palabra alguna después de eso solo me quede allí sintiendo su mano acariciar mi mejilla como si fuera de porcelana y fuera capaz de romperme con la mas minima fuerza, sentí el correr de mi sangre fuera de mi labio, el cual había terminado por romper, y se esparcia por este, su mano dejo mi mejilla para correr sus dedos sobre mi herida provocando que estos se mancharan con ese liquido carmín que abundaba en mis venas, sus ojos se habían vuelto de un rojo brillante y refulgente. Sus dedos fueron directo a sus labios los cuales no tardo en lamer mirando hacia arriba con cierto deleite que no pase desapercibido, su respiración se volvía pesada y lenta como si fuera a desfallecer de un minuto a otro, cuando volvió su mirada hacia mí, se había vuelto fría y sin brillo.

-No deberías desperdicir y esparcir aquello que corre por tus hermosas venas, perderla puede terminar matándote, y no sabes cuando un animal este en asecho y termine siguiendote por el olor de tu sangre aun sin saber su sabor… aunque ya yo lo conosco... Angelique… no sabes que tan peligroso puedo llegar a ser… Mi Pequeña y Dulce Angelique…”

Me senté de golpe en mi cama al mismo tiempo que abría mis ojos para  vislumbraba mi habitación, todo seguía exactamente igual, la chimenea con detalles en plata, mi cama de dosel de caoba ennegrecido, el papel que cubría las paredes de color rojo con trazos que se entrelazaban entre sí de color blanco al igual que las ramas del bosque del sueño y las sabanas seguían del mismo color crema.

Me levante para ir hacia el balcón y tomar un poco de aire antes de volver a la cama más que quería hacer que el viento de la noche me secara el sudor que me corría por la espalda el cual era frio recordándome el sueño tan vivido que había acabado de tener. Abrí las puertas del balcón entrando en este a la vez que suspiraba el aire contenido, coloque mis manos en las congeladas varillas que evitaban mi caída, subí la mirada al cielo lleno de estrellas junto con una luna parecida a la del sueño… aunque si lo pensaba no podría ser totalmente un sueño porque… recordaba algo parecido de mi niñez, recordaba todo el lugar, el día, el clima, todo menos al hombre, si es que se le podía llamar así. Solo suponía que lo que había soñado hubiese sido una combinación entre la realidad y la imaginación alimentada por libros.

El día en que estuve en ese prado fue la víspera a mi sexto cumpleaños, eso hacía ya casi 13 años, por lo que hoy era la víspera a mi decimonoveno cumpleaños. Baje mi mirada al bosque que estaba cubierto de nieve, volvi a perder el aire en el momento en que vi la figura escondida levemente entre los árboles y la cual era suavemente alumbrada por los rayos de la luna que se filtraban entre los árboles, estos si estaban forrados en sus copas y estaban cubiertas de nieve.

Tuve que volver a respirar en el momento que los pulmones ya no me aguantaban mas sin la entrada del aire a estos y me exigian que volviara a respirar, trague saliva y a su vez me lamí el mismo labio que él había "limpiado" con sus dedos.

-¿Quién eres? –susurre al aire sabiendo que no iba a responder, sentía su mirada sobre mi y de la misma forma estaba yo, ambos viéndonos como si él fuera Romeo y yo Julieta pero eso no figuraba en este caso. El viento alboroto mi cabello chocolate, el cual caí en ondas hasta la parte baja de la espalda, y junto con el viento y el leve susurrar de las hojas chocando entre si vino un susurro con la misma voz aterciopelada, la cual provoco el erizamiento de mi pelo.

“Alexander… Soy Alexander… Mi Pequeña y Dulce Angelique”

 Parpadee incrédula a lo que había pasado, no podía ser él, debía y era la única explicación lógica un juego de mi mente nada más que eso. Cerré los ojos por unos segundos y cuando los volví a abrir la figura de “Alexander”  había desaparecido y sin dejar rastro alguno… como si nunca hubiese estado ahí… aquí… frente a mi… 

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Bueno~ estos son los recuerdos de Angelique de su vida pasada asi que conoceran un poco mas de su vida cuando era mortal~ y~ dentro de poco averiguaremos que le paso a nuestra pequeña vampira~

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