Que tonta es Hailee.
Ella olvidó decirle su nuevo número telefónico a Michael. Pero es que no le ha dado tiempo de hacerlo con todo ese alboroto que se armó en la noche.
—Menos mal que tú estás bien hija —su madre la mira preocupada—. Y ¿Gerald? ¿dónde estuvo?
—No lo sé —responde Hailee—. Quizá le dio miedo escuchar todas las patrullas y se fue.
—¿Sabes quién comenzó todo el pleito? —pregunta el padre.
—Tampoco sé eso, yo estaba en el baño y no vi cuando todo eso empezó —miente. Es obvio que no les dirá que el chico que golpeó a Joe la encerró en una recámara, la medio beso, se fue y que es cien por ciento seguro que él haya estado en la pelea—. ¿Puedo ir a dormir? estoy exhausta.
Sus padres asienten y Hailee se va a su recámara.
Ella se tumba en su cama pensando en Michael. Ahora si que esta vez no lo volverá a ver. O eso es lo que cree ella.
Lo que no sabe es que Michael no está tan lejos de lo que cree.
Y por alguna extraña razón a Hailee le dan ganas de ir al balcón. No esta en su recámara pero si esta en el angosto pasillo del segundo piso de su casa.
Sale con una pequeña manta para que la cubra del frío. Le da flojera tener que cambiarse. Pero igualmente lo tendrá que hacer sino sus padres se molestarán.
—¡Ch, ch! —Hailee escucha a alguien hacer un sonidito. Voltea por todos lados en busca de esa persona pero no la encuentra.
—¿Acaso está ciega? —susurra alguien desde abajo. Ese alguien es Dan—, ¡Estamos aquí ton... —Michael también está ahí y le cierra la boca con sus manos.
—Cállate imbécil sino quieres que sus padres nos escuchen.
Hailee voltea hacia abajo y enfoca su mirada entre los arbustos. Ve unas cuatro siluetas y se asusta, así que decide volver a meterse.
—¡Oye! ¡castaña! —Michael sale de su escondite y la llama, pero no tan alto para que los padres de Hailee lo escuchen.
Ella se detiene. Reconoce esa voz y se asoma por el barandal. Recarga sus dos brazos en éste pero inmediatamente los quita y se hecha dos pasos hacia atrás.
No recuerda cómo, pero desde que despertó del hospital ella le tiene miedo a los puentes y a toda clase de pequeñas áreas que se encuentren rodeadas de unos pequeños barrotes en la altura.
—¿Michael?
—Soy ese.
—¿Qué, en serio? ¿Cómo supiste dónde vivo?
Todo lo hacen en pequeños murmureos. Ninguno de los dos quiere que los padres de Hailee se den cuenta.
—Sonará acosador... pero te seguí —admite y Hailee ríe.
Los dos se miran fijamente a los ojos y sienten una extraña sensación que recorre desde la punta de sus pies hasta sus cabezas.
—¡Oye Romeo!, ¡date prisa! ¡Cookie y Nito están mal! —y nuevamente Dan interrumpe su momento romántico.
—Me debo ir —dice Michael—. Sólo quería que supieras que tú y yo podemos volver a vernos.
—Adiós... —murmuran los dos al unisono y los amigos de Michael y él se marchan.
Hailee da media vuelta con una sonrisa en su rostro y se adentra a su casa.
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—¿Qué tiene ella que las demás no tengan? —pregunta Cookie con esfuerzo y esboza una media sonrisa. No puede hacerla completa pues su rostro le duele.
Scooby ayuda a Nito a caminar mientras Michael y Dan ayudan a Cookie.
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Nuestro destino
RomansaHailee y Michael. Dos adolescentes con problemas muy distintos que los llevan a una adicción. Michael con el cigarrillo. Hailee con el alochol. Un apasionante amor que surge de por medio, y un triste destino que nadie puede cambiar. ❝---Quizá mi de...
