Ese día me desperté como un día normal, sin pesadillas, sin sucesos extraños, sin problemas. Me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta de la caseta adormilado, salí al exterior y me fui al comedor a desayunar, me senté en la mesa de los sublimes, bueno, más bien me tiré e intenté empezar a comerme los huecos revueltos sin dormirme encima de ellos. Al rato Silvia se acercó a mí aguantandose la risa. Miré el resto de las personas en el comedor, todos estaban mirando hacia mí riendose.
-Me da a mí que estas muy dormida.- se bufó Silvia.
Yo sin entender nada miré hacia abajo, llevaba puesto el pijama, ahunque no recordaba habérmelo puesto.
-Anda, ven que te dejo ropa.
Me levanté sonrojada por la vergüenza y comencé a seguir a Silvia hacia su caseta.
Entramos por una puerta la cual tenía tallada un arco de bronce en el medio. La caseta era mucho más grande de lo que parecía por fuera, tenía una pequeña sala de estar con dos baños, a los lados de la habitación había dos puertas.
-Ven, por aquí- Me dijo Silvia llevándome por la puerta de la derecha. Entramos - Esté es el cuerpo de las chicas.
La habitación estaba repleta de literas y de prendas de ropa desperdigados por todas partes.
-Sé que no está muy ordenado, pero coordinar a treinta y dos chicas para que limpien es un poco complicado.
-¿Cómo es que es tan grande la caseta?- Pregunté sorprendida.
-Las casetas van creciendo según más espacio necesitemos, las construye el Árbol Mayor.
Silvia empezó a rebuscar en un baúl que había al pie de una de las literas sacado una camiseta verde de tirante y unos vaqueros ajustados limpios.
-Vete cambiando, te traeré tus botas.
Ellas pasó por la puerta, y yo la seguí, cuando ella salió por la puerta principal de la caseta me dirigí al baño a cambiarme, cuando salí encontré a un chico sentado en uno de los sillones, llevaba una sudadera gris y unos vaqueros largos, no se le distinguía muy bien el rostro ya que la capucha se la tapaba.
Pasé junto a él para dejar mi ropa en el cuarto de las chicas y se levantó, yo le miré, se le había caído la capucha, tenía el pelo largo y castaño recogido en una coleta y unos ojos negros, totalmente negros, como los de un animal, ahunque los suyos no parecían tener vida.
-Con que tu eres la elegida- dijo acercándose a mi.
-Sí- le respondí abrazando mi ropa.
-Eres bastante graciosa, dijo riendose.
Yo le miré desconcertada.
-Apareces un día y dices ser la Elegida, todos te aclaman y te adoran, creen que les vas a salvar, pero yo, yo no te creo. Eres una impostora y vas apagar por ello- En el acto sacó un cuchillo.
Yo tiré la ropa por los aires y esquivé la puñalada, él me miró con rabia e intentó darme otra vez, pero conseguí inmovilizarme el brazo, me pego de una patada tirándome al suelo, yo intenté levantarme pero el se tiró encima mío inmovilizádome , yo intentaba librarme de el para coger un palo de metal que había en el suelo, pero me tenía totalmente inmovilizada, alzó el cuchillo para clavar me lo cuando apareció Silvia por la puerta, abriéndole tan fuerte que derrumbó hacia atrás al chico, Silvia mirándome desconcertada se quedó quieta mientras yo cogía el tubo de hierro, me levanté para dar a mi adversario, le empecé a dar con todas mis fuerzas librando toda la rabia que sentía en ese momento, Silvia me cogió del brazo parando el golpe.
-Creo que ya está inconsciente. -Dijo para que me tranquilizara.
Yo me aparté soltando el tubo y me senté en uno de los sillones para recuperar el aliento.
-¿Quién es?- Resoplé.
-Es Robert- Respondió Silvia
-Con eso me lo resuelves todo- Dije en tono irónico.
-Es el hermano de Luke.
Sorprendida me levanté y examiné el rostro del muchacho, manchado de sangre por mis golpes.
-Debemos avisarle. Toma, pontelas.
Me dió mis botas, me las puse y salimos corriendo a buscar a Luke para que nadie encontrará a Robert tirado el suelo sangrando. Luke estaba en el comedor, desayunando solo, cuando me vió me sonrió, pero al ver mi cara de preocupación su sonrisa desapareció.
Fuimos hacia la mesa. Mientras algunas personas me miraban y se reían recordando el numérico del pijama.
-¿De que se ríen?- preguntó olvidándose de mi expresión.
-Olvídalo- le regañó Silvia.- Tu hermano a atacado a Alaia.
-¿Cómo?- gritó levantándose de la mesa.
Fuimos explicándole toda la historia mientra caminábamos hacia la caseta de los tiradores. Cuando llegamos había un par de personas mirando el cuerpo de Robert.
-Ya está bien, apartaros- Dijo a la vez que apartaba a la pareja.
Se agachó para observar a su hermano malherido. Robert tenía los ojos cerrados y Luke se los abrió con cuidado, en cuanto se los vio se trajo las manos a la cara, por los temblores de Luke adiviné que estaba conteniendose de llorar.
-Dejemoslo solo hasta que esté un poco mejor- Dije echando para atrás a Silvia.- Vamos a desayunar que al final no he comido nada.
Fuimos hacia el comedor y pedí una ración de huevo revueltos, los cocineros de mala gana me lo acabaron dando, lo cogí y terminé de desayunar. Dejé el plato en la mesa y nos volvimos a la caseta donde esta Luke y su hermano inconsciente, cuando llegamos no estaban.
-Estarán en la enfermería.- Advirtió Silvia.
Llegamos a la enfermería donde estaba Luke sentado en la silla donde estuvo cuando a la chica pelirroja le dio el ataque, su hermano estaba en la camilla recibiendo la atención de los curanderos, a los cuales de les veía cara de preocupación y desconcierto.
-¿Qué pasa?- Preguntó Silvia acercándose a la camilla.
Yo me empecé a acercar a hacia Luke mientras Silvia matenía una conversación con los curanderos.
Me dejé caer en el sillón colocado al lado de Luke. Me quedé observando a Luke fijamente, él miraba hacia la camilla, la luz en sus ojos habían desaparecido.
Me miró.
-¿Qué le pasa?- pregunté.
Luke resopló.
-No lo sabemos.
ESTÁS LEYENDO
La Elegida
FantasyAlaia una chica de ciudad es obligada por sus padres a un pequeño pueblo en medio de la nada, pero acaba siendo menos aburrido de lo que parecía. (menuda mierda de descripción).
