CAPÍTULO 1

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-¡Cam, despierta!

Genial, nada mejor que una mañana de domingo acompañada de los gritos de Raisa.

Giré la almohada en dirección contraria a Rai. Que alguien me despertara me ponía de mal humor, que alguien me despertara a gritos, me cabreaba.

-¡¡Caaaam!!

-¿Queeeee?

-Despierta. - dijo mientras daba un golpe a mi almohada, dónde tenía apoyada la cabeza.

-Estoy despierta.

-Pues levantate, sarcástica.

-No soy sarcástica, estoy despierta, soy realista.

Se giró tras lanzarme una fulminante mirada. Me encantaba cuándo hacía eso. Porque cuando lo hacía se parecía a mí. Aunque realmente eramos bastante diferentes.

Ella tenía el pelo de un negro tan intenso que a veces me hacía pensar que el pelo de Blancanieves se volvía castaño a su lado. A mí me gustaba ser pelirroja, era la única en Reagan, y en el fondo me sentía algo especial. Nuestro mayor parecido era nuestra piel, demasiado blanca quizá y con abundancia de pecas por todos lados. Siempre había envidiado sus ojos, azul claro, pero no tan claro. Un tono que se hacía notar, que destacaba. Al mirarla, era lo que más te atraía. No podías dejar de mirarlos.

-Bien, Rai, explícame que estupido domimgo nos tienen preparado.

-Ja, ja, ja.

-Luego me llamas sarcástica, pero esa risa no suena muy literal.

Un suspiro, típico de ella.

-¿Es que no puedes ser positiva un sólo día? - preguntó mientras se apoyaba en su cama.

-Y también podría saltar la valla.

Un silencio nos atrapó en aquel momento. Noté que sus brillantes ojos azules se clavaban en los míos. Debo decir que si una mirada puede doler, aquella me habría matado.

-Lo siento, no iba en serio, perdóname.

Desde que eramos muy pequeñas en Laynn, nos habían contado historias. Una de ellas decía que, hubo una vez un niño que se había enfadado con todos, se había enfadado con el mundo. Y decidió salir de Ivanndorphs. Cruzó la vaya que nos separa de un campo extenso dónde no hay nada, absolutamente nada.
Dicen que apareció días después, muerto, descuartizado.
Y que una chica pisó sin querer fuera de la valla y su vestido se quedó agarrado a esta. Todos fueron a pedir ayuda y cuando volvieron, ya no respiraba.

-Hoy hay una competición de juegos para Laynn. ¿Quieres ir?

-¡Claro! Me encanta ver como dos niños de 8 años tiran de una cuerda para ganar una pelota deshinchada que nunca van a poder utilizar.

Suspiré de cansancio y volví a envolverme entre las sábanas.

-Dame una razón. - dije.

-¿Qué?

-Que me des un motivo por el que tenga que levantarme.

-Hay crepes en la cafetería, pero cierra en media hora.

Miré el el reloj que había entre la cama de Dakota y la de Phoenix. 9:37.

-Tendrías que haber empezado por ahí.

Me vestí rápidamente con el segundo uniforme, el más informal. Los domingos podíamos escojer cualquiera de los cuatro. Aunque era mejor no escojer el tercero, que era para celebraciones muy especiales. El primero lo llevábamos en la visita de alguien importante. Y el cuarto era el uniforme de diario, a excepción de los días que hacíamos deporte, que usábamos el segundo.

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