Resplandeciente Amanecer

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Cuando abrió sus ojos le sorprendió que la oscuridad era total. No existía siquiera la luz de alguna pequeña estrella, algo que permitiera a los ojos traspasar esa negra noche. Y además, el frío, tan intenso que congelaba los huesos, producía dolor en todas las articulaciones hasta el borde de desear morir, pero, él no podía morir. No podía morir de ese modo tan sencillo y lo sabía, no era algo consciente ese saber pero sin embargo estaba ahí dentro de él, de alguna manera, perdido entre las profundidades de su cerebro.

Donde estaba y cómo llegó ahí, no estaba seguro, por los pocos pasos que se había atrevido a dar en esa oscuridad plena, le demostraban que el terreno estaba formado por una especie de roca, roca algo suave como de la consistencia del talco, tal vez piedra caliza o yeso, aunque estaba convencido de que no podían de ningún modo ser de esos materiales. Arriesgándose avanzó otros cuatro pasos y de repente sintió que su extremidad estaba en el aire y por un momento se balanceo sobre lo que el suponía era un vacío y no supo como pero pudo alcanzar el equilibrio evitando por escasos milímetros caer, y aunque estaba convencido de que no moriría no podría saber si esa caída causaría daños físicos, dolores más fuertes que los que el mismo frío le producía.

Desorientado, sin saber que más hacer no le quedó otra cosa que con mucho cuidado, sentarse a un lado del abismo y con una mano buscar algunas rocas; aunque casi se le desbarataban en la mano, haciendo caso omiso del dolor que sentía, empezó a aventar rocas hacia todas partes, y oyó diversos ecos, uno de los cuales le causo extrañeza, le pareció que sonaba como algo metálico, hueco, casi como si se tratara de una puerta o un muro, y como su fuerza estaba menguada, lo que sonara no podía estar a una distancia muy grande; "a un tiro de piedra", tal vez habría algún refugio. Temiendo al abismo empezó a arrastrase hacia donde calculaba que había oído el chocar de la piedra con el metal; lenta, muy lentamente arrastro su pesado cuerpo hasta llegar a una pared.

Con mucho esfuerzo se levantó y, con mucho miedo, a tientas encontró algo parecido a una puerta y un picaporte; lentamente giró hacia un lado ese pequeño aparato que tal vez lo separaba del calor o de algo de luz del otro lado de esa pared. Entonces, de un solo tirón abrió la puerta y una luz cegadora de un resplandeciente amanecer le dio de golpe.

Por un momento un calor tan intenso o más que el frío que sentía solo hace unos momentos lo atrapó. Sintió, más que oír, un estruendo parecido a más de un millar de bombas y en ese momento alcanzó a ver por una fracción de segundo como su cuerpo, como si fuera una especie de animal cuadrúpedo, con alas de murciélago y unos cuernos en la frente, empezó a derretirse con ese calor. Y recordó; recordó porqué estaba ahí, recordó cual era su pecado para sufrir ese morir mil veces, recordó que traicionó a alguien y lo último que recordó fue su nombre. Judas.

Cuando abrió sus ojos le sorprendió que la oscuridad era total...

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