Era un domingo cualquiera, yo me encontraba como de costumbre en pleno ocio y sin importarme los deberes que tenía. Para ser más exactos me encontraba revisando una página de humor gráfico mientras tomaba un vaso con agua, pero llegó un momento en que me aburrí, uno de esos momentos donde te cansas de no hacer nada productivo, así que decidí ponerme a estudiar ya que se acercaba la época de exámenes; soy estudiante universitario por cierto, olvide comentarlo.
Fui a buscar mi mochila, la cual no revisaba hace como unas 2 semanas salvo para sacar un lapicero o un lápiz. No la encontraba, lo que no es raro en mí, soy una persona muy desordenada, pero que se impacienta fácilmente y con más frecuencia en los últimos días porque se me andaba perdiendo todo: mi celular, mi reloj, un disco que me prestó un amigo, un usb con archivos importantes.
Decidí calmarme ya que no lograba nada ofuscandome por algo tan simple, así que comencé a recorrer habitación por habitación de mi casa sin importar que no haya estado ahí, ya antes me ha pasado que mis cosas aparecían en los rincones menos esperados; yo atribuía esto a mi abuelo que sufre de lagunas mentales o quiza a la mujer que viene los fines de semana a realizar la limpieza. Llegué hasta el baño de la azotea y mi mochila estaba dentro de la bañera; a pesar de lo raro que me pareció, más fue mi alivio que mi curiosidad por encontrarla, por desgracia mi alegría no duro mucho tiempo ya que al abrirla para sacar mi libro, me di con la sorpresa de que se encontraba vacía.
Comencé a dar de puñetazos contra la pared, es lo que hago cuando estoy muy enojado, bien o mal me ayuda a calmarme un poco. Cuando logré calmarme volví a mi habitación frustrado lanzando la mochila vacía sobre la cama, sabía que ya no estudiaría por hoy, así que seguí en la computadora para distraerme. Iba a tomar un sorbo de agua para refrescarme un poco y adivinen qué, no estaba el vaso con agua que había dejado antes de ir a buscar mi mochila.
En esta ocasión no me tuve enojo sino más bien una especie de miedo que hizo que me parara de la silla , yo era alguien razonable así que trate de encontrarle la lógica a lo que pasaba, quizá en el momento de ir a buscar la mochila me llevé el vaso sin darme cuenta y lo deje en la azotea. Un pensamiento me cruzó la cabeza y aunque no quería, volteé hacia la cama para ver si la mochila seguía ahí; no estaba. Un escalofrío paso por mi espalda, esto no era para nada normal, traté de guardar la compostura y me senté, caí bruscamente al suelo, la silla ya no estaba.
Comencé a temblar y a hablar en voz alta para darme valor, ¡Esto es una broma, ya fue suficiente ,maldita sea! el foco de mi habitación explotó y la oscuridad abarcó todo. No pude más, salí corriendo al borde de las lagrimas y la desesperación, nunca me había sentido tan vulnerable y desprotegido en mi vida.
Fui hacia las escaleras dispuesto a salir a la calle, no podía permanecer más en mi casa. Caí por las escaleras porque no veía nada, me golpee muy fuerte la cabeza y todo el cuerpo me dolía, sentía que iba a desmayarme. Escuché una risita burlona y muy aguda delante mío, solo pude notar una figura pequeña con lo que creo eran sus ojos, pero eran de un color esmeralda intenso y en forma de rombo. Ya no tenía miedo, sentía mi muerte muy cerca.
Con lo último que quedaba de fuerzas traté de hablarle y saber que era lo que estaba frente a mí:
-¿Qui..quién eres tú?-llegué a preguntarle.
-Puede llamarme Unei-dijo la pequeña criatura.
-¿Qué eres?-dije a punto de desvanecerme.
-Soy lo que ustedes los humanos llamarían un duende....jejeje.
Desperté en el suelo de mi sala, con mis padres preocupados por la situación en la que estaba, les dije que me había caído por las escaleras porque se fue la luz, me encontraba muy confuso, no estaba seguro de hasta que punto era real lo que recordaba.
La luz había vuelto, subí a mi habitación para ver como estaba todo, el foco de mi habitación estaba destrozado y las esquirlas por el suelo, pero la silla, el vaso y la mochila se encontraban de vuelta.
No llegó a entender que pasó y no sé ya en que creer, quiero pensar que fue un sueño, pero sé que no fue así, que realmente me encontré con esa criatura y eso explicaría porque las cosas cambian de sitio, no solo en mi casa, sino en todas partes, hay más como él y no son humanos, no estamos solos los "duendes" son reales, no sabría decir que si son buenos o malos, no sabría decir si tienen poderes, no sabría decir por qué se mostró ante mí o por qué no me hizo nada. Solo sé que el que me encontré se estaba divirtiendose conmigo, que tenía unos ojos brillantes color esmeralda y que su nombre era Unei...
