He aquí nosotros los seres humanos ingenuos y dispuestos a matar por cualquier estupidez. Duele ver cómo las personas se matan entre sí. Cuando desperté, escuché que una persona fue asesinada por un grupo de sicarios por un celular que ni siquiera se pasa de los 50 dólares, sí que es una estupidez. Lo sé en cuanto el sol se levanta, del color de la sangre, entre las nubes y pensé sobre ese amanecer tan rojo como el color de la sangre.
Desde ese día creí en el horror de tanta sangre inocente derramándose, tanta locura, tanto odio entre nosotros. Por qué nos matamos unos a otros, ¿por defendernos? Pero de quién, ¿por miedo?
Ese amanecer tan rojo: miles de cadáveres tirados en el suelo, tal como lo que ocurrió en la gran guerra, en ese día a todos los vi con su rostro llenos de tristeza y de odio.
Muerte, sangre, destrucción. Quería morir por el dolor tan profundo en mi, por todos nosotros. Durante el día varios rumores hablaban de que la gente se había quitado la vida sin motivo... El amanecer siempre rojo, nunca apareció el sol vivo... Creo que desde mi alta ventana la caída no me sentará mal.
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