-SIPNOSIS
Recibir placer a cambio de entregar un poco de energía en un comienzo no le sonó tan mal al próximo heredero al trono, y fue justamente por aquella tentadora idea, que una noche se empujó a iniciarse en las artes oscuras antiguas.
Sin sabe...
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El bullicio de la gente estalla en su audición. Reiji miro de reojo a su alrededor, pero no hace contacto visual con nadie, mientras se abre paso hacía las escaleras que dan al segundo piso del edificio.
Las risas y los chillidos eufóricos son ajenos a él, mientras se concentra en llegar a su destino sin llamar la atención.
Sube las escaleras a paso lento, pensando si lo que acaba de presenciar fue solo una ilusión o no, aquél hombre que vio parado en medio de todos, le resultaba conocido. Pero aunque intentará recordar, su rostro o su nombre, no lo logra. Sube otro tramo de las escaleras y se detiene a pocos metros de distancia de su salón.
Nadie parecía afectado por la presencia de aquél ser en el patio. Nadie lo miraba, cuchicheaba o hace comentarios. Solo estaba parado ahí sin hacer nada.
¿Será que acaso solo el puede verlo? pensó, entonces, simplemente sacudió su cabeza dejando en el pasado aquella sensación, y decide retomar su camino hacia el salón de clases.
Cuando está a punto de entrar al salón. Una figura imponente es captada por el rabillo de sus lentes. Es apenas un vistazo rápido y fugaz, pero es suficiente para reconocer aquella mirada dura y penetrante.
Entonces se congela por completo, algo parece haberse accionado dentro de su cabeza. Es un recuerdo vago de hace unos años. Una memoria difusa y dispersa de la que ha tratado de olvidarse. Casi puede dibujar aquél cuerpo estático dentro la biblioteca de la mansión, parado en una esquina de la sala, observándolo cuando aprendía de memoria los libros para tener un elogio de su madre. Casi puede dibujar aquél gesto duro y fuerte en su memoria y de pronto lo recuerda.
¡Es él...!
Un escalofrío helado recorre su espina dorsal y vuelve a mirar en dirección al pasillo.
Si tuviera pulso, de seguro su corazón se detendría durante una dolorosa fracción de segundo, antes de reanudar su marcha a una velocidad antinatural. Algo intenso y vicioso atenaza sus entrañas, y lo único que puede hacer es mirar aquél punto en el pasillo.
“No está ahí...”
Sus manos se cierran en puños, pero ni siquiera eso es capaz de detener el temblor que provocó la ansiedad que le invade. Da un paso tentativo en dirección al corredor, pero de detiene en secó. No está muy seguro de que demonios es lo que quiere hacer, pero tampoco puede apartar la vista de ese punto.
—¿Quieres moverte?—La voz irritada y molesta llega a sus oídos y lo saca del trance en el que ha entrado.
Su atención se vuelca en dirección a un chico de rasgos orientales que le mira como si quisiera arrancar su cabeza con sus propias manos. A Reiji le toma unos segundos reaccionar y darse cuenta de qué está obstruyendo la entrada al salón de clases, así que mascullo una disculpa antes de apartarse de su camino.