Ocultos

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Los días pasaron, las semanas y no podía quitar de mi mente a Cristian, aún cuando lo veía pasearse con Dominique de un lugar a otro, anhelaba  sentir la suavidad de su boca y sus manos fuertes jalándome cerca. Nada cambió después de aquello, trate de repetir mil veces que yo era un juego pero mi estúpido corazón no dejaba de recordar… tanto las alegrías, las tristezas, las mentiras y la soledad que cubría otra vez todo.

Seguí  yendo a clases  con  toda la normalidad que mis ánimos me lo permitían, poco a poco fui dejando a los pequeños que tanta alegría en un minuto me dieron  y los cambié por la melancolía que me generaba esta abrumadora soledad. Solo trataba de que mi angustia no se notara tanto con ellos en especial con Jose , que era bastante perceptiva respecto a mí.

-pasa algo que ya no vienes tan seguido, sabes que puedes confiar en mí, no me gusta esa cara de melancolía que cargas a veces- dijo Marco sentándose junto a mi  bajo un árbol

-tranquilo, no pasa, son solo recuerdos que a veces me atormentan un poco, pero ya pasaran-  hice una mueca intentando sonreír

-sigues igual de hermética con respecto a tus sentimientos- acaricio mi mejilla

No podía contar nada,  sabía que no estaba haciendo nada malo, pero una parte de mi se odiaba por engañar a Sebas y este mundo, Marco, los niños me recordaban a él, a mi bonito, además después de todo quien estaba mal en todo este asunto era yo. Desde el principio sabía que Cristian estaba con Dominique y yo no tenía entrada en su vida, aunque lo deseara y con él arrastrar una historia que de seguro sería muy problemática, lo quería…. Necesitaba aquellos ojos, esa sonrisa de comercial, su boca y su cuerpo cerca del mío

-¿estás molesta?- dijo aquella vocecita otra vez cerca de mi oído

-no tengo porque- trate de seguir con mis estudios 

-no me hablas, no me miras, estas molesta, admítelo- hablo más fuerte de lo que se espera en una biblioteca

-puedes bajar la voz, no quiero tener problemas-

-responde- se sentó junto a mí y dejo tras mi oreja uno de mis cabellos

-no me toques, por favor- me aleje un poco- estoy molesta sí, pero no contigo, más bien conmigo, siempre supe que tenías una novia y aún así permití que las cosas llegaran hasta donde llegaron-

-lo dices como si te hubieras acostado conmigo- rio

-no es gracioso, quizás tú vallas jugando por la vida pero yo no, por favor Cristian aléjate de mí- comencé a tomar mis libros

Cuando me levente y me dirigía a la salida sentí como me quito lo que cargaba  y con brusquedad me llevo hasta uno de los corredores solos de la inmensa biblioteca

-Cristian suéltame, no me parece gracioso- lo mire con miedo, bastante se rumoreaba de su temperamento

-no puedo, ni quiero. Me gustas y sé que no puedo pedirte nada porque tengo una novia, pero tengo una explicación, solo escúchame y por favor no me veas así no te voy a lastimar- me miro los labios y otra vez con una mano acomodo mi pelo tras la oreja y con la otra aún me retenía contra los estantes

-entonces suéltame,  nada de lo que digas cambiará las cosas, la realidad es que tienes  novia y no  quiero problemas- aparte mi mirada

-mira- tomo la cadena que colgaba de su cuello y me mostro el colgante que pendía de ella. Una letra C y una llave… ¡la llave de mi colgante!- no quiero que lo veas como que intento parecer tierno, estoy lejos de ser una persona semejante, pero de verdad me gustas mucho- respiraba rápido- por favor, acerco su boca a mi cuello- no me ignores-

Siempre Tuyo, Siempre Mia, Siempre NuestrosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora