Seis

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(N/A: Antes que comiencen a leer, debo aclarar que la historia posee un epílogo. Por lo que aún no acaba.)


Faltaban horas para que las semanas acabaran, Amanda sentía a Hanzel de forma completa. Lo amaba y si todo era bueno, se lo diría en el instante en que llegara de aquel inoportuno compromiso. Ansiaba decirle la verdad a pesar que le dijera que nunca había sentido nada más que deseo y la botara por ilusa.

Dejó todo lo que la ayudaba a verse linda en el tocador para arreglar la comida que había intentado hacerle por motivo de despedida.

Hacía tan sólo dos semanas se sentía como el ser más solitario del planeta y ahora ya se había vuelto más desinhibida con su cuerpo. Era una mejor versión de sí misma. Sin embargo, no había sido ella sola, sino que, con ayuda del mejor hombre que pudo tener a su lado el cambio en la intimidad fue mejor. Sonreía a más no poder contando las horas, minutos y segundos que le hacían falta para ver a su amado.

Pero la sonrisa le fue arrebatada por el sonido de la puerta siendo llamada, se preguntó quién podría ser. Sin embargo, nunca creería lo que estaría esperándola al otro lado.

Abrió la puerta con inseguridad en ella, mas aún nadie la esperaba al otro lado. Sino que en el piso se encontraba un folder amarillo con una caligrafía conocida por Amanda que tenía su nombre impreso en el. Lo tomó entre sus manos sin siquiera pensar dos veces si realmente sería bueno o no.

Que tanto había cambiado desde hace catorce días.

Cerró la puerta, la intriga se convertía en amiga de la mujer que con curiosidad abrió el sobre y vació su contenido en la mesa donde esa noche Hanz le entregó aquel collar que llevaba en el cuello. Fotografías y una hoja doblada cuidadosamente se deslizaban por la superficie.

Frunció el ceño ante cada imagen que sus dedos tocaban.

Sus padres, Andy y ella hace unos años.
La tristeza de aquellos días la hicieron desdoblar la hoja.
Aquella que aclararía todo.






Terminó de leer y en vez de llorar comprendió que Hanzel nunca había sido quien predicaba ser. Se cerró ante todo mientras escuchaba la puerta principal abrirse, tomó una maleta de aquellas que él tenía en lo alto del armario y guardó dentro las pocas cosas que eran de ella.

–Amy, ¿dónde estás?

Dejó de pensar antes de su aparición para seguir la huida a su anterior vida, sin hombres de dinero que mentían a diestra y siniestra. Fue entonces que Hanzel entró con una sonrisa que se borraría al instante en que viera a Amanda con un irá descomunal en la mirada y una maleta entre las manos. Corrió a preguntar pero de nueva cuenta como en el principio de su acuerdo lo único que podía entender era lo que sentía en el ambiente gracias a su don. Se había cerrado a todo y no emitiría ninguna palabra si no fuera únicamente para protestar.

Se encontraba ciego ante todo, Hanzel no comprendió la reacción de ella hasta que encontró en el suelo del pasillo una hoja con letra cursiva y el nombre “Frank”. De inmediato y sin leer más el entendimiento llegó a su mente.

Ella nunca le perdonaría eso.
A pesar que no sabía que se trataba de otra cosa.
Su pesadilla se volvía realidad y ella huía.

Maldijo entre susurros su mala suerte. Amanda merecía más que todo lo que él pudiera darle pero eso no era ninguna excusa para lo que él había hecho.

La compró.
La engañó y ahora Frank le abría los ojos ante todo.
Pues no siendo suficiente, él había movido todos sus hilos para que ella se encontrara esa noche, y fuera tentada con la cifra mágica.

Todo era culpa de Hanzel.
Por eso quiso tenerla sabiendo en que situación se encontraba.

Ella le había entregado su alma y él sólo guardó detalles para sí mismo.

Había perdido la cabeza por aquella chica de cabello corto y en medio de la adolescencia. Y no midió las consecuencias de lo que realizó.

Seguía sin querer sentir nada, las palabras eran aún procesadas por su mente. No comprendía como alguien podía ser así y querer cubrirlo con una máscara de invisibilidad fingida. La ira la hacia querer ir a golpearlo pero se dijo que no sería recomendable pues quizás él la volvería a hechizar con bellas palabras y caería como en un principio. Quería herirlo de formas aún no conocidas por el hombre pero se quedó razonando el porqué de todo.

Su mirada al vacío le erizó los vellos de los brazos, sentía que necesitaba un hombro mas nunca volvería a serlo para ella. Miró atentamente cada movimiento sin hacer nada más. Sabía que todo lo que había hecho era extraño pero tenía razón de ser, siempre la quiso para él desde aquel día en la cafetería. La había investigado y ahora cuando al fin la tenía, aparecía una persona con buen corazón para arruinar todo.

Quiso detenerla cuando cruzó las puertas y salió directo al ascensor pero se detuvo el mismo en aquel instante en que supo que no querría su toque o cualquier cosa.

Ella se paró en seco y dudo de lo que pasaría.

Una voz apagada sonó y descompuso a Hanzel.

—Necesito el dinero.

Entendió y sacó su chequera para firmar, aún cuando no lo quisiera más cumpliría con su palabra por última vez para ella.
Lo haría por ella y su familia, para que no tuviera que sufrir más.

Lo entregó tembloroso y sin otra palabra en ese espacio siguió su camino hasta la libertad, sin embargo se detuvo tras dar un paso.

–¿Puedes darme tu nombre real?

Cerró los ojos ante semejante pregunta, sabía que lo preguntaría pero los sentimientos tanto de ella como de él mismo se arremolinaban en su interior sacándolo de sus pensamientos. Tuvo miedo pero lo hizo como un penúltimo favor para ella.

Le daría lo que pedía por respeto a su persona.

—Hanz Von Dirnt— susurró con la voz desfalleciendo.

—Un placer conocerte, Hanz. Gracias por todo.

Dicho eso entró en el elevador, se quedó en una de las esquinas y cuando cerró todo se derrumbó en su mundo. Las paredes se caían y ella no podía levantarlas. Su mundo se volvía negro y absorbente pero agradecía el gran gesto de Frank, que aunque había sido uno de los causantes de todo. La había ayudado a quitarse la venda de los ojos.

Ahora su futuro estaba en sus manos.

Buscó el cheque entre sus manos y la tristeza aumentó al ver que había cumplido con lo que había prometido.El cheque estaba en blanco, y podía poner la cifra que ella quisiera.

Un hondo sentimiento de pérdida llegó a ella para quedarse, el mismo que sufría Hanz sosteniendo el collar que aquella noche le había regalado.

Un último favor que sólo hacia el agujero dentro de su pecho más grande.

Ya no eran más uno sólo, sino que, volvían a ser unos completos extraños. Dos perfectos pedazos mal cortados de lo que un día fue algo perfecto pero nunca volvería a ser.

Se había ido para no volver.
Y él no la perseguiría.

Porque el hombre que ella conocía como Hanzel Black nunca existió.
Él era Hanz y Amanda no lo amaba a él.
Y nunca lo amaría por más que insistiera, lo odiaría por sobre todo.

Verdades EnvueltasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora