El silencio se apoderó del lugar, incluso el sonido que produce el agua cuando sus moléculas chocan entre sí, en esa danza de movimiento perpetuo se detuvo; las aves y los saltamontes como buenos cómplices del delito cometido, callaron. El tiempo no era tiempo, y el lugar ya no estaba ahí.
De repente mi mente se agitaba con frenesí y el viento impacataba mi rostro con violencia. Estaba volando sobre delfines alados por los aires! ... Al fin todo era como antes, durante esos pocos segundos que duro ese beso volví a ser feliz.