Capitulo 8

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Al llegar, cuando el sol asomaba sus primeros rayos y las aves del zoológico entonaban su acostumbrada algarabía sin motivo, Catalina vio despegar un avión inmenso, recostó su frente contra la malla que separaba la pista de la carretera y se puso a soñar. Se imaginó dentro del avión, sentada en las piernas del Titi, con sus tetas de silicona tres tallas más grandes que las actuales y bebiendo whisky en medio de las carcajadas de Yésica y la mirada envidiosa de Paola, no obstante que ella disfrutaba de los besos no menos lujuriosos de Clavijo, un mafiosito de categoría tres, igual a la del Titi, pero 45 kilos más gordo que él. Cuando despertó, gracias al bramido imponente de un "Ligre", el hijo de una leona inseminada por un tigre, otro avión aterrizaba y por algún motivo, que nunca comprendió, pensó que el piloto de la aeronave se había devuelto a recogerla para que pudiera cumplir su sueño. Con agilidad mental comprendió que se estaba apendejando y empezó a trotar a la inversa rumbo a su casa donde a esa hora doña Hilda le limpiaba la sangre del pie a Bayron luego de recoger los vidrios de la botella de cerveza que él mismo estrelló contra el reloj de la incansable gallina.

—Hasta donde vinieron a dar esos vidrios, cucha —dedujo Bayron con cizaña y rencor. Al llegar a la cuadra, después de correr más de ocho kilómetros, Catalina observó que Vanessa y Ximena descendían de una camioneta 4X4 de vidrios oscuros que arrancó rauda no sin antes hacer rechinar las llantas contra el pavimento. Las dos lucían ebrias y a juntas se les notaba en la cara el cansancio de una noche sin tregua al ritmo de la música, la droga, el trago y las insaciables pretensiones sexuales del Titi y de Clavijo.

—¿Oiga hermana y usted qué hace despierta a esta hora? —preguntó una de las dos a Catalina quien se puso de nuevo de espalda a su casa para poder responder con una mentira.

—Voy a comprar lo del desayuno.

—Tenga para que compre un pan bien grande y se lo lleve al Bayron

—le dijo Ximena mientras desenrollaba un fajo de billetes y concluyó, antes de entrar a su casa, casi arrastrando los tacones desgastados de sus botas de cuero fino:

—Dígale a su hermano que de parte mía y que lo quiero mucho.

—Fresca, yo le digo —aseguró Catalina pensando en quedarse con la mitad del pan y con el billete completo.

Las dos amigas de Catalina, que meses atrás compartieron el mismo salón de clases en el Porfirio Díaz" desaparecieron dejando en el ambiente un olor a licor revuelto con tristeza. Catalina las recordó entonces brincando con sus faldas de cuadros azules y blancos al compás de una canción que mencionaba caballitos de dos en dos levantando las patas y diciendo adiós. Sintió dolor y se cuestionó:

—Dios mío, ¿ésta es la vida que quiero?

Miro el billete de 10 mil pesos que le regaló Ximena y luego clavó su mirada en sus tetas para decidir sin mayor discernimiento ni cargo de conciencia:

—A lo bien que sí, ésta es la vida que quiero —se dijo a sí misma, abandonó la recordadera y mató de un tajo los remor dimientos que la empezaban a cuestionar para luego entrar a su casa que ya había perdido el silencio a manos de un grupo de rock pesado que se quería salir por los bafles de la grabadora de Bayron.

—¡Qué pan ni qué hijueputas! Mejor déme el billete que me hace más falta para las bichas —le dijo Bayron arrebatándole el dinero.

—¡No señor! —gritó ella recuperando el dinero—, Ximena dijo que era para un pan y, además, no me dijo que le diera el cambio.

—¡Ve esta tan agalluda! —le gritó rapándole el billete por segunda vez y guardándolo luego entre sus calzoncillos.

—Mejor ábrase y si quiere billete, pues levántese un man con plata que nos dé a los dos... Desde la cocina Hilda repostó enfadada:

—¡Bayron qué cosas le está metiendo a la niña en la cabeza!, ¿ah?

—Nada cucha, le estoy aconsejando que no se vaya a meter con ningún "chichipato" de la cuadra, después resulta embarazada y me toca levantar al man por faltón.
Catalina lo miró con odio reprimido y se propuso guardar el consejo de su hermano en un desordenado cajón que tenía en su mente.

Foto de doña hilda Mamá de Catalina

Sin senos no hay paraísoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora