Capítulo 18 - Dulces Cicatrices

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Te negaste cuando el esqueleto se ofreció para llevarte a la casa. En su lugar, te levantaste y te fuiste cojeando a la cabaña. Te siguió cerca y te dejo abrir la puerta antes de que los dos se adentrasen en el cobertizo. Dentro, casi perdías tu almuerzo cuando viste lo que había en esa jaula. Un monstruo gato, aparentemente un hombre joven, vestido con ropa de trabajo, estaba atado a una silla y cubierto de sangre. A primera vista, no podías suponer si estaba vivo o muerto, así que le lanzaste una mirada llena de pánico a tu amigo, quien no se avergonzaba para nada... De hecho... Todo lo contrario. Lagrimas comenzaron a brotar de tus ojos. Tu mirada pasó de una preocupada a una llena de rabia.


« Detente con esa cara acusadora, sigue vivo. » aclaró, antes de que su sonrisa desdeñosa de antes apareciera de nuevo. « Parece que no sabes cómo funcionan las cosas aquí abajo. » No, y no querías.

« Abre la puerta. » le ordenaste. Temblabas debido al estado actual de la víctima de Papyrus, tanto como tu aliento.


Estabas mirando la cerradura electrónica frente a ti con decisión, lo cual le hizo suspirar y obedecer. Te felicitabas internamente a ti misme por hacer que este amenazante y peligroso monstruo obedeciera una orden, el siempre era el que ordenaba. Sin embargo, no te olvidaste de agradecerle haber abierto la cerradura, una vez que la trampa fuera desactivada, y te acercaste a toda prisa hacia el alma torturada y tomaste su cabeza para que te viera.


« Hey... Hey, ¿Estás ahí? » le preguntaste al monstruo.


Sus ojos estaban cerrados, pero cuando le hablaste y lo tocaste, frunció el ceño e hizo claros esfuerzos de intentar abrirlos. Gruñó de dolor cuando despertó y su rostro volvió a encontrar la luz cuando vio el tuyo. El hombre gato temía que fueras a herirlo, así que liberó su cabeza de tus manos con un jadeo audible, entonces notaste que comenzaba a hiperventilarse.


« No, no, está bien, no estoy aquí para herirte. » le aseguraste con una firme y suave voz, poniendo una mano en su hombro y otra en su regazo. Notaste que no te estaba mirando a ti, sino más bien a Papyrus, quien había entrado a la jaula. « Oh... Si... Le hice cambiar de opinión sobre herirte, así que ahora vas a ser liberado. » Le sonreíste al rehén, mientras te agachabas para liberar sus tobillos de la cuerda. El Guardia Real permanecía distante y te miraba. Notaste que el monstruo gato te miraba como un depredador cuando aun estabas a sus pies, antes de escuchar a Papyrus.

« Hey. » lo llamó, lo cual hizo que ambos voltearan hacia él. Papyrus miraba al otro monstruo con una mirada asesina. « Deja de ver a le humane de esa manera o lo lamentaras muy pronto. »


El afectado no respondía, se limitó a negar con la cabeza de miedo. Si no tuviera la piel cubierta con pelo rojo, podrías ver sus colores desvanecerse, sin embargo sentiste su aura agitarse bajo su piel, y su pelo de sus brazos y cola ponerse de punta. No pudiste evitar acariciar su cabeza mientras te ponías de pie y desatabas sus muñecas. Veías las múltiples heridas que tenía en su cuerpo, toda su sangre había formado un charco en el suelo... Te sentiste afortunada de que Papyrus no te hubiera hecho pasar por tal cosa. Te diste cuanta de que también estabas temblando cuando pensaste en eso, lo cual te hizo actuar más torpe de lo normal. Cuando finalmente liberaste al pobre torturado monstruo, se tomó un momento para despertarse, aun preguntándose si era una trampa o no.


« Continua, "Burgerpants". » Papyrus advirtió con una mirada feroz. « Puedes irte... A menos de que disfrutes nuestro tiempo de juegos. Solo un amistoso recordatorio; si te atreves a volver a saltarte horas de trabajo, no será agradable lo que recibirás » sonrió, lo cual hizo que el nombrado Burgerpants siseara de susto.

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