Ha pasado un tiempo desde que Papyrus vino a avisarte. No sabias cuanto tiempo habías estado encerrade, habías perdido la noción del tiempo. ¿Era de día, era de noche? No lo sabias... Lo único que sabias es que habían pasado días, tal vez semanas, al juzgar por tu higiene personal. Te sentías sucie. Estabas acurrucade en la cama para perros, temblando por el frió. Tus piernas dolían y tus pies aun mas. La soledad era tu única compañía y te recordaba cada momento con Flowey. Harías cualquier cosa por poder hablar con el de nuevo, por abrazarlo una vez mas, por escuchar su voz y ver su dulce sonrisa... El sonido de la puerta abrirse te sacó de tus pensamientos. Papyrus. Finalmente vino. El esqueleto permaneció en silencio cuando te miró, desactivó la trampa y caminó hacia ti. Estabas temblando.
« Levántate, humano. »
Temías que fuera el momento de ir con Asgore. Extrañamente, empezaste a recuperarte de todas tus heridas. Lo suficiente cómo para que tu vida dejara de estar en peligro. Sin embargo, no fue gracias a la estrella de GUARDADO, lo sabias con seguridad... Papyrus se estaba desesperando, te tomó del brazo y tiró de el, demasiado fuerte en tu opinión, y te sacó de la prisión.
« Yo... no necesito ir al bosque...» Susurraste, con miedo de hacerlo enojar. Tu voz estaba lejos de recuperarse, lo mejor era no hablar.
El, algunas veces gritaba cuando te negabas a algo, pero nunca te golpeó. Sin embargo, era frió y calmaba su ira con su hermano, cada vez, te sentías horrible y culpable por el sufrimiento de Sans. Pero ahora, a Papyrus no le importó y te llevó a algún lugar. Espera... ¡reconoces esa casa! Miraste los buzones... Habían dos buzones. Uno vació, el otro lleno. ¡No puede ser! ¿Esa era su casa? Papyrus abrió la puerta, no le importó que te estuvieras tropezando con los escalones de la entrada y te hizo entrar. Miraste alrededor y reconociste el calor de la sala de estar. Sin embargo, solo tenias vagos recuerdos de la que viste en ese momento. Estabas muy débil la ultima vez que Sans te trajo, no te interesaba la apariencia de la casa. Ahora eras capaz de ponerte de pie por ti misme, miraste alrededor; hasta que te topaste con la mirada de Papyrus, quien no había dejado de mirarte. Notó tu mirada de confusión.
« ¿Estas preguntando, por que te traje a mi casa? Bueno, pensé que una criatura como tú que disfruta de mi comida debería bañarse de vez en cuando. Pero no pienses que es un acto de bondad. Solo estoy cansado de tu asqueroso olor, cada vez que entro a tu celda. » Explicó con su baja y ronca voz. Notaste su expresión de disgusto.
Escuchaste a Sans que venía a ver qué estaba pasando mientras Papyrus te llevaba hacía el. Te ayudó a subir las escaleras, pasaste al lado de Sans, el te miraba e silencio. Estaba sorprendido de verte en su casa, y tu, avergonzade, muy avergonzade. Papyrus giró a la izquierda y notaste que había una puerta recién pintada.
« Sans dijo que los humanos son sucias criaturas que necesitan cosas llamadas baños. Así que me aseguré que tuvieras uno hasta que te llevemos con el Rey Asgore. No te gustaría estar sucio ante el, ¿no es así? » Te preguntó mientras te miraba con rencor, sin embargo, lo miraste con agradecimiento. Abrió la puerta y te empujó para que entraras. « Quédate ahí. No me obligues a entrar.»
Continuaste mirándolo hasta que cerró la puerta. Esperaste un momento. No se movió. Sans tampoco. ¿Estaban mirando la puerta? Suspiraste y miraste el baño. Hey, era acogedor y olía fresco. Los colores eran cálidos, lo cual era reconfortante. Miraste frente a ti y había un lavamanos y un espejo en la pared, justo arriba. ¡Dios, te veías horrible! Cubierte de sudor seco, tierra, sangre... frotaste tu cara para limpiarte. Maldición. Era peor de lo que imaginabas. Por lo menos ahora, podrías ocuparte de esto. Bajaste la mirada por un momento. No podías esperar para deshacerte de esta ropa sucia. Levantaste tu suéter. Las vendas cubrían tu pecho. Bueno, necesitabas unas nuevas al parecer. Te tomaste tu tiempo para quitártelas, empezando desde abajo. Miraste tu herida. Se curaba lentamente... Tocaste alrededor de la herida. Bien. No estaba infectada y no dolía tanto, siempre y cuando tocaras delicadamente. Te quitaste el pantalón y la ropa interior. Habían manchas negras en tus muslos, te sobresaltaste cuando las notaste. ¿La ropa mancho tus piernas? ¡Imposible! Las frotaste para desvanecerlas, pero no lo hacían y comenzaban a arder. ¿Era por que habías estado frie últimamente? ¿O eran moretones? No te habían dolido, hasta ahora. Esto no tiene sentido, pensaste... Tal vez si te limpiabas, desaparecerían.
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« Their Wings » - HeavenFell
AcakCaíste en este agujero para poner fin a tu vida, pero, de alguna manera sobreviviste. Y ahora, estas intentando salir de este cruel subsuelo lleno de monstruos. La historia no me pertenece, solo la traduzco. Historia original: http://arc...
