Capítulo 23: Cuenta Regresiva.

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Mi madre se dedicaba a diseñar vestidos preferentemente de novias, tenía una tienda con una de sus amigas en el centro de la ciudad. Selenia tenía 19 años, era su secretaria, hija menor de Alba, la amiga con quien había emprendido toda la cosa.

—Hola enana —saludé al entrar dirigiéndome al escritorio—, mamá me pidió que le alcanzara estos papeles, se los olvidó en casa.

—Ella está arreglando el vestido a una de las novias allá adentro —respondió Selenia tomando los papeles—. ¿Quieres esperarla?

—Sólo vine a dejar eso. —eché un vistazo a todo el lugar—. Dile que despues ire a casa a verla.

—De acuerdo.

Di la vuelta y cuando caminé en dirección hacia la salida, la voz de mamá se hizo presente.

—¿Dylan cómo es eso que ya te irás sin saludar a tu madre? —dijo y giré sobre mis talones sonriendo.

—Oh no quería molestar —me acerqué a ella y extendí mis brazos para abrazarla con todas mis fuerzas.

Yo amaba a mi madre, ella era la mujer mas perfecta del mundo.

—Hijo estás por matarme —rió y la solté para besar su frente. Ella arregló mi cabello y sonrió con ternura.

—Tu traje llegó hoy, quiero que te lo pruebes.

—¿Ahora? —hice una mueca, no era de mi agrado usar traje.

—Si —volteó hasta ir junto a Selenia y le pidió la caja para luego alcanzarmela—. Ven por aquí —dijo tirando de mi brazo y me llevó por un pasillo.

Yo no conocía esta parte, me aburría venir a este lugar.

—Puedes cambiarte en uno de esos —señaló los probadores y asentí sosteniendo la caja—. Volveré en unos minutos, tengo que firmar esos papeles —finalizó marchándose luego.

La sala estaba rodeada por varios cambiadores, en el centro había una plataforma circular, supongo que aquí era el lugar donde las novias subían para que mi madre terminara los detalles de sus vestidos.

Hice a un lado la cortina y volví a cerrarla, prosegui a cambiarme, pantalones, camisa, saco, esto estaba poniéndome nervioso y eso que yo no era el que iba a ir al altar.

—¿Es necesario que lleve corbata? —pensé en voz alta mirándome al espejo.

—Pues sí. —me respondieron desde  alguno de los cambiadores.

—Oh, había olvidado que no estaba solo.

—Soy la voz de tu conciencia.

Reí negando, claro que la había reconocido, Kiara estaba justo aquí. Hice a un lado la cortina caminando de forma lenta frente a los cambiadores para saber de donde provenía la particular “voz de mi conciencia”.

—¿Ah sí? Que interesante, tú y yo hemos tenido varios dilemas últimamente. —seguí hablando para rastrear su voz al escuchar su respuesta.

—Es porque no haces lo que te digo.

Me detuve con el ceño fruncido y abrí una de las cortinas creyendo que estaría allí pero me equivoqué.

—Tú no me entiendes, sólo haces que me sienta culpable. —noté que las cortinas no llegaban al suelo así que me agaché echando un vistazo rápido a todos los cambiadores, pude ver el vestido blanco cubriendo sus pies y sonreí acercándome.

—Si te sientes culpable, es porque... —hice a un lado la cortina y ella se asustó—. ¡Hey!

No reaccioné, ella estaba jodidamente hermosa, parecía una muñeca de porcelana, su vestido no era de esos que tienen mucho volumen, éste caía suavemente hasta el suelo y no era blanco, era un color claro pero definitivamente no era blanco. Sus hombros sostenían las tiras del vestido, había una abertura que cruzaba sutilmente en medio de su pecho hasta poco antes de terminar su costilla, aquella parte estaba cubierta por alguna clase de tela transparente o algo así, tenía flores encima pero apuesto que sólo era un detalle porque yo podía ver el centro de su pecho con mucha claridad. Su cabello terminaba en sus hombros, se lo había cortado y debo admitir que me gustó el cambio. Pero sin dudas, sus grandes ojos verdes siempre se llevaban toda mi atención.

Culpables | Dylan O'brienHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora