Jungkook corría por el centro comercial, iba de la mano con Hoseok, ambos buscaban un regalo para la abuela del mayor.
—¿Crees que a Nana Yein le guste un pastel de zanahoria?—El menor se acercó a la vitrina de la pastelería y sonrío
—Seguro que si, pero yo tenía pensado darle otra cosa—Hoseok le sonrió a Jungkook y lo abrazó—No todos los días cumples ochenta años—Ambos rieron y se alejaron de ahí.
Aún sin soltar al menor se encaminaron hasta una pequeña Joyeria, el mayor tenía una idea de regalo.
Jungkook se fue directo a ver los anillos, a su Nana siempre le habían gustados.
—¿Que te parece?—Hoseok sostenía en sus manos un pequeño collar con un colgante de corazón.
—Es idéntico—Jungkook se acercó curioso y lo tomo en sus manos, nunca pensó que lo vería.
—Se que Nana Yein extrañaba el suyo—Ambos se miraron y sonrieron.
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**^** Taehyung tocó su frente y suspiró cansado, desde muy temprano había tenido que ir a trabajar y eso lo estaba matando. Tenía ganas de ver a Jungkook, pero entonces recordaba la pila de informes que estaba juntó a él, ni siquiera había podido usar su teléfono.
—TaeTae, adivina—Escuchar ese apodo no lo había ayudado a sacar a Jungkook de su cabeza—Hoy tenemos el resto del día libre—Saeron lo sacó de su mundo cuando se sentó en sus piernas.
—¿De qué hablas?—La pelirroja sonrío y lo besó—
—Solo hablé con nuestro jefe—
Y Taehyung sonrío, porque hoy vería por más tiempo a Jungkook.
*** —¡Deja de llorar!—Jin se puso frente a Namjoon y lo golpeó—No fue tu jodida culpa—
—Van a terminar ¿Verdad?—Namjoon no había dejado de llorar desde que despertó—Van a odiarme—Levantó su vista y observo al rubio, tenía el ceño fruncido—¡Van a odiarme maldita sea!—Cerró sus ojos y volvió a sollozar—El va a matarme—Llevó sus manos a su cara y sollozó más fuerte que antes.
—No va a pasar nada, Namjoon—El mayor le quitó las manos de la cara, el pelirosa se negó a abrir los ojos—¡Joder! Solo cálmate—
El rubio suspiró cansado y lo soltó, estaba cansado, el menor no dejaría de llorar y pensar en lo que hizo. Tenía que pensar en algo y ya tenía el plan perfecto.
Soltó un bufido y se acercó más al chico, de nuevo quitó sus manos y esta vez se sentó en sus piernas, quedando así, a horcajadas. Lo obligó a levantar el rostro y lo besó, sus manos se enredaron en el cuello del contrario y se apegó más a él.