Capítulo 4

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DÍA 1

Acepté y fui con uno de los guardias a una camioneta. Entré y me ataron las manos con unas esposas.

El auto se dirigía a un tribunal, debía sacar más información.

-¿Cuánto tardaremos?- Pregunté fría y concisa.

-Calculándolo, unos treinta minutos.-

Bien, tenía treinta minutos para organizar un plan y salir de allí.

Primero debía localizar la llave de las ataduras, que en este momento se encontraban en mis manos.

Busqué por todo el transporte, pero no hubo señales, hasta que le vi la mano a un policía. Llevaba una "pulsera" colgando con una llave, ojala sea la de las esposas.

Bien, ahora debía evaluar cuantos enemigos iban dentro de la camioneta.

"Primero se encontraba el conductor, un guardia de unos cuarenta años, de ese me podría encargar último, era el más vulnerable. A su lado una policía, aparentaba veinte años, no era tan débil ya que llevaba consigo un arma. Por último se encontraba el comisario a mi lado, no llevaba armas y todo el tiempo iba distraído."

Perfecto, debía utilizar mis habilidades de espía.

-Hey-

El policía a mi lado se dio vuelta.

-¿Podrías acomodar mis ataduras? Me están apretando.-

El gendarme agarró mis esposas mientras las agrandaba.

"Presa fácil"

De un ágil movimiento le saqué las llaves que colgaban de su mano. Me di vuelta de un fuerte acto y le pegué una patada justo en el estómago. Actué rápido y me quité las cadenas. Los de adelante observaban la escena atónitos y ¡No reaccionaban!. Punto para mí.

Le saqué el arma a la chica y apunté hacia el conductor.

-Detén el auto- Lo dije con una calma que a cualquiera le daría miedo escucharme en ese momento, acompañado con una sonrisa irónica. ¿Para qué me sirvieron estos años en la F.P.I? Pues, para esto.

El paró la camioneta.

-Ahora con calma salgan del vehículo-

El conductor y la chica me hicieron caso. Miré por el espejo retrovisor y vi que el policía de atrás hizo lo mismo.

-¡Ja!, para ser policías no tienen demasiado entrenamiento, ¡Busquen otro trabajo niñitas!- Les grité desde la ventana.


Estaba muy satisfecha con mi labor. Pasé al asiento de adelante y puse en marcha el transporte.

***

No me dirigía hacia el museo, primero debía tener un plan, y eso lo iba a hacer en mi querido hogar.

Llegué y estacioné el automóvil a unas veinte cuadras de mi casa, solo por seguridad, para que no me descubrieran, no me importaba caminar bastante.

Moví mis pies hasta llegar a mi vivienda y abrí la puerta. Cuánto extrañaba mi hogar, mi mascota...¡Duby!.

Simplemente no lo había visto desde el día que llegué del hospital, me había olvidado por completo de él.

Salí al patio de atrás de la casa, pero no estaba ahí. Como siempre, lo primero en que sospeché fue de Fakundo. Marqué el número.

-¿¡Dónde está el perro!?-

Nérida Gorbón "Ojos Que No Ven, Chica Que Lo Cuenta"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora