Mi relato comienza cuando tenía unos 13 años de edad, actualmente tengo 23. En aquel tiempo era una época de primavera de un mes de Mayo y un calor infernal azotó en todas partes, subiendo los termómetros; la sensación térmica que se dejó sentir era insoportable y sofocante. En nuestra casa regularmente pegaba en sol en la tardes, así que los cuartos se calentaban de formas indecibles y te provocaban que se te fuera el aliento por el bochorno y la falta de aire que circulara en las habitaciones superiores a pesar de tener las ventanas y puertas abiertas. Por la noches era casi imposible dormir ante esa situación ya que al acostarte, el aire de los abanicos era caliente y sudabas tanto que mojabas las sábanas y colchón con tu propio sudor. A raíz de eso, mis padres tendían colchonetas en la sala y todos dormíamos abajo para poder soportar aquella ola de calor. Colocábamos abanicos en el piso y nos bañamos antes de acostarnos para poder estar frescos. Yo en lo particular dormía en un sofá por qué no podía hacerlo en el piso ,ya que amanecía adolorida de la espalda.
Cierta noche calurosa, la vecina comenzó a regar insecticida en su patio y los alrededores, porque como consecuencia del ambiente cálido, cientos de cucarachas invadieron las casas y salían de las alcantarillas y registros, incluso de coladeras abiertas, haciendo aun más insoportable el ambiente que de por sí ya era bastante tenso. De tal suerte que por la madrugada las luces de los focos en las entradas y pasillos eran repentinamente nubladas por las cucarachas que volaban sin ton ni son. Y luego de que la vecina arrojara el veneno, los insectos se volvieron locos y mientras agonizaban, se retorcían en el piso moviendo sus alas para tratar de quitarse el insecticida, se pegaban en las paredes y la tela mosquitera de las ventanas. Esa sensación era horrible porque pensaba que se meterían en una oleada negra y pestilente a invadir mi casa, muy a mi pesar trataba de tranquilizarme y dormir, aun con esa incomodidad y la pestilencia del insecticida.
Mis temores y mi fobia se vio de pronto acrecentada por la madrugada cuando sentí una algo extraño en mi pie, algo me picaba quedamente y me desperté casi por impulso al sentir que una cucaracha caminaba por los dedos de mis pies. Aquello fue horrible y grité con todas mis fuerzas. Aun no terminaba de recuperarme de la repugnancia y la sensación de las patas del insecto en mi pie cuando vi que había varios bichos revoloteando en el interior de la casa, el pánico se apoderó de mi y todos despertaron asustados viéndome con preocupación y al ver el motivo, también se pusieron como locos intentando matar a los insectos.
Aquello fue demasiado para mi, estaba aterrada y llena de un coraje en contra de todo que comencé a despotricar en contra de mis papás por aquella situación que estábamos pasando. El calor y los animales que volaban por el cuarto hicieron que el rencor que tenía guardado en mi corazón, saliera de una manera tal , que mis padres se preocuparon y me miraban con cierto recelo y angustia. Sin entender razones y con mi mente nublada por el odio, subí iracunda al cuarto de mis padres, cerré la puerta violentamente, luego las ventanas y encendí el abanico a todo lo que daba y me acomode para dormir, mi cuerpo temblaba de coraje y me quedé pegada a la frescura de la pared para no caerme de la cama y no sudar tanto.
Lo acelerado de mi corazón poco a poco empezó a calmarse y a pesar del aire caliente que salía del abanico, el ruido constante de sus aspas y mi cansancio hicieron lo suyo al agarrar el sueño nuevamente. Estaba adormilada y mis ojos me pesaban, mientras los iba cerrando lentamente para quedar en el sueño profundo una sensación extraña me invadió y sentí que algo se subía a la cama, era una sensación ligera; pero notable. Primero pensé que sería uno de mis perros que comúnmente se subían a la cama a dormir conmigo y no le tomé importancia. Continué con mi somnolencia y luego el sonido del abanico adquirió un tono extraño, pude percibir unas risitas leves que apenas lograba escuchar entre el ruido que hacían las aspas al girar y entre el aire que estas arrojaban. Eran como carcajaditas chillonas que muy apenas se podían distinguir, luego volví a sentir que algo se arremolinaba en la cama detrás de mi y entonces abrí los ojos y con temor recordé algo: había cerrado la puerta, mis perros estaban en el patio y no dentro de la casa.
Antes de que pudiera hacer o decir algo una corriente eléctrica me recorrió de pies a cabeza y una sensación de petrificación hizo que me paralizara al escuchar que cerca de mi oído algo gruñía de una manera horrible, no era un gruñido de animal era de algo grande y violento, mi corazón comenzó a latir tan fuerte que lo podía escuchar y sentir casi saliendo de mi pecho. Luego del gruñido sentí el calor de una respiración cerca de mi nuca y ahí fue cuando las fuerzas y el movimiento volvieron a mí y lancé un grito aun más horrible que el que había hecho momentos antes con las cucarachas.
No sé cuánto tiempo pasó antes de que mi mamá entrara por la puerta y encendiera la luz, yo estaba en posición fetal llorando y temblando, acurrucada en la esquina del cuarto sobre la cama. Mi mamá al verme en esa situación se alarmó y comenzó a gritarme preguntándome que me había pasado, yo tan solo la abracé tan fuerte que no quería que se separara de mi, la palidez de mi rostro y el sudor frío que recorría mi cuerpo preocupó a mis padres y luego de un largo momento todos se acostaron de nuevo y yo no pude dormir pensando en que era lo que había sentido y escuchado. Después de esa terrible experiencia nunca más entré al cuarto de mis padres. Mi padre después me contó que comúnmente veía la aparición de una niña rondar la casa, con un vestido bonito y sombrero que hacia juego con sus listones; pero la revelación mas inquietante fue la de mi mamá, al expresar que en ciertas ocasiones también le había tocado sentir el pavor de estar ante lo desconocido al ver a un perro negro enorme con ojos incendiados y llenos de odio, sentado al pie de la cama y observándola fijamente con sus ojos infernales, no quiso contarme más para no asustarme; pero todo eso fue inquietante. Después de esa experiencia no nos volvió a suceder nada, sin embargo esas sensaciones de temor aun viven en mí y me atormentan cada que pienso en ellas.
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Historias de terror
HorrorSon historias de terror yo no se si son reales pero las busco en una pagina y agrego cosas
