Hank McCoy

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Advertencia: Corto y malo

—¡Bella! —La llamó, pero ella no hizo caso, sino que se encerró en su habitación. Se sentía verdaderamente alejada y avergonzada acerca de lo que había causado en los entrenamientos con Hank. Aún no controlaba perfectamente su mutación.

—¡Váyase, profesor! —Apenas entró utilizó una planta que se encontraba en la ventana y con un simple movimiento, las raíces de esta se alargaron y se colocaron en la puerta para tratar de trabarla. Pero al no esforzarse demasiado por el querer que la tierra la trague para siempre, Hank pudo abrirla con mediana facilidad. Era bastante fuerte y aquellad raíces débiles.

Su corazón se achicó cuando la vió hecha un pequeño ovillo en la cama, abrazada a su almohada, llorando acongojadamente.

—Bella, escúchame —Se sentó a su lado y vasiló antes de pasar su temblorosa mano por el espalda de ella, tratando de reconfortarla de alguna manera. Lo que él no sabía era que aquello había causado algo fuerte en ella.

Cuando Bella lo miró, él se sintió aún peor. Sus ojos se encontraban rojos al igual que sus mejillas, su delicado rostro estaba empapado de lágrimas de vergüenza propia.

—Lo lamento, profesor, realmente lo hago —Sorbió su nariz. —No quise lastimarlo —Y cuando menos se lo esperó Hank, ella se encontraba abrazándolo con fuerza, quedando su cabeza en el pecho del mayor.

—Está bien, Bella. No ha pasado nada —Tartamudeó un poco. Cerró sus ojos sintiéndose como un niño, pero cuando esta se separó lentamente de él, este volvió a la realidad, que no duró mucho y que Bella pasó sus manos a sus mejillas, tocando los finos cortes causados por ella misma. Hank colocó sus manos en las muñecas ajenas. No dejaban de mirarse a los ojos, no querían separar sus miradas, romper esa conexión.

—No... —Dijo cuando los labios femeninos se unieron con los propios, y aún así, Hank no tardó en profundizar el beso. Sus bocas se recorrían una con la otra, se a cariciaban. Pero finalmente, el mayor decidió separarse al saber que lo que hacían estaba verdaderamente mal.

El problema no era sólo que él era su profesor, sino que tenía novia, aunque aquello jamás lo detuvo para mirarla en clase o por los pasillos, pensar en ella, y como esa culpa desapareció en esos instantes en los que se dió cuenta que estaba allí con la chica que lo traía loco, tampoco se detuvo antes de besarla.

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