Personalmente, no estoy segura de que poner a estas personas en el relato haya sido una buena decisión, pero los quiero recordar de alguna manera. A diferencia de los otros, estas personas no son viajeros regulares del omnibus. Solo los vi una vez de todas las veces que me aventuré en el transporte público de Argentina. Luego de subirme al colectivo acompañada por mi madre, con la cual me dirigía a un cumpleaños,subieron tres personas bastante peculiares, por llamarlas de una manera. Más tarde, mi madre y yo decidimos que su comportamiento se debía al alcohol. Eran una mujer, un hombre y un joven, estos dos últimos actuando de manera extraña. Estaban vestidos como los gauchos argentinos mezclados con vaqueros de Hollywood. Me averguenza admitirlo, pero cuando los vi, sentí miedo. Nunca me gustaron las personas que hablan fuerte, y estos dos parecían profesionales en eso. Para empeorar las cosas, dos paradas mas adelante se subieron tres chicas jovenes, obviamente dirigiéndose hacia algún bar, club, o lo que sea. Tomaron asiento justo detrás del trío de extraños. El hombre, al ver que una de las chicas no se sentó con nadie, pidió sentarse con ella. No como lo haría alguien normal, no, sino más bien con un tono similar a el de los hombres que le silban en la calle a las mujeres. En ese momento le quise pegar en la cara con la fuerza de El Increíble Hulk. Una risa escapó de mis labios cuando la chica no le permitió sentarse, no de mala manera, solo por su seguridad. Cabe decir que el resto del colectivo estaba vacío y el hombre se podía sentar en cualquier otro lugar. Mi parada era la siguiente. Mientras mi madre y yo nos dirigíamos hacía la escalera trasera del omnibus y tocabamos el timbre, agradecí que no me había tocado vivir esa situación.
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Paradas.
SaggisticaCada mañana era lo mismo. Siempre me dirigía hacia la misma parada de colectivo que me llevaba hasta el colegio, sin excepciones. No pasó demasiado tiempo hasta que comencé a notar ciertas peculiaridades en mi rutina.
