capitulo 15: La leyenda del Diablo y su Mujer

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El día era tranquilo, frío como de costumbre y silencioso. Lo único que se escuchaba eran los pasos de los pueblerinos en la espesa nieve caída la noche anterior, murmullos y cierta risa de niños que jugaban.

De repente, entre las humildes personas, salieron del bosque dos seres de preciosos vestidos. El hombre vestía de negro con franjas verdes oscuras en las mangas de su traje y corbata negra con líneas verdes, tenía un cabello largo pegado a su rostro en un principio pero luego caían un par de risos ligeros, un gran porte y una dolorosa belleza. Sin embargo, la mujer que se aferraba a su brazo no se quedaba atrás: lucía un vestido blanco en tiras del mismo color y verde del tono de su acompañante, era casi idéntica al hombre y tenía una diadema con una extraña gema.

— ¿De dónde salieron estos? —preguntó un campesino en voz alta, lo suficiente para que el hombre de gran belleza le escuchase. Éste le miró con severidad pero la mujer apoyó su rostro en su brazo y se tranquilizó.

La chica se separó de su aparente marido y caminó por la helada calle con los brazos cruzados hacia atrás, mirando con curiosidad a cada persona. A diferencia de su compañero que solo les miraba con desprecio, uno infinito.

Una fuerte brisa rodeó a la pareja de extranjeros. La muchacha tembló de frío y su compañero se apresuró en rodearla con sus brazos. Ella sonrió con ternura y él con suspicacia, le susurró algo al oído de la chica y ésta se rió entre dientes.

La belleza de ella era impresionante per la de él no era humano, era imposible.

Los niños dejaron de jugar porque el frío aumentó. La chica gimió por la temperatura, él le besó el cuello, ella se petrificó y sonrió.

Los pueblerinos aterrados al sentir el nuevo frío y observar como la brisa rodeaba a la pareja, decidieron resguardarse en sus cabañas y rezar el rosario las veces que fuesen necesarias para que desapareciesen tan rápido como aparecieron.

Y a pesar de las súplicas, con el tiempo, el pueblo se dio a conocer por la leyenda de cuando el diablo y su mujer les hicieron una sangrienta visita…

*XXX*

Lisbeth y Loki observaron extrañados el panorama: ahora estaban solos. Se apresuraron en llegar a la iglesia, ella trató de abrir la puerta pero estaba bloqueada. Loki tomó a Lis por el brazo, la alejó de la puerta y mientras alzaba el bastón se convirtió en el cetro y le disparó a la puerta, abriéndola de par en par.

— ¿Sutil? —preguntó Lisbeth alzando una ceja. Loki soltó una carcajada, le despeinó, tomó su mano de nuevo y entraron.

Misteriosamente, la puerta se cerró sola.

— ¿Párroco? —la voz de Lisbeth hizo eco en el lugar que olía a humedad en sobremanera. Las paredes estaban pintadas con un aburrido amarillo pálido y el techo era de caoba matizada. Las estatuas estaban en un estado casi deplorable (por lo visto los pueblerinos no eran muy devotos).

—No tenemos todo el día, cariño —suspiró Loki, saltando de banco en banco por el respaldar.

— ¡Bájate niño travieso! —dijo Lisbeth entre risa. Quería decirlo con seriedad pero no pudo hacerlo.

Loki le guiñó el ojo y permaneció acuclillado respirando hondo. Le indicó con la mano a Asha para que se acercara a él y cuando ella lo hizo, Loki sujetó a Lisbeth por la barbilla.

—Tengo unos inmundos deseos de hacerte mía ahora que no bromean —dijo con esa voz gruesa tan seductora que le causaban olas de calor a Lis.

—Quizá no entiendas esto pero en una iglesia se deben controlar esos deseos —musitó acercándose más a él. Claro, sin ayudarle con esas ganas de estamparle un beso y… y…

El Misterioso Sr. LaufeysonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora